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Ficha realizada por Robertokles

PARIS DESPUES DE LA LIBERACION (1944-1949)
(Paris after the Liberation: 1944-1949)
Anthony Beevor

Editorial Crítica
Colección Memoria Histórica
Traducción de David León Gómez
Género: Historia Contemporánea

ISBN 84-8432-437-0
XI + 386 Páginas


Argumento
 

Una vez comprada por el grupo Planeta, los muchachos de Crítica se han puesto a editar a todo trapo en su serie Memoria Crítica tocando, cómo no, los temas más relevantes del pasado siglo, que son: las Guerras Mundiales, los avatares del Comunismo, la Guerra fría, la Rusia de hoy en día. Hecha la excepción de la Primera Guerra Mundial, el compendio marcha en la dirección de eso que se ha querido llamar Historia Actual (va a ser divertido ver cómo salen de este callejón ciego para etiquetar la próxima época), que es, como sabeis, aquella que discurre desde 1945 hasta nuestros días.

Animados por el (rarísimo) éxito editorial de Stalingrado, la obra de Antony Beevor, que lleva ya ocho ediciones (una cosa impensable para un libro de Historia), le han visto las orejas, no al lobo, sino al becerro de oro, con lo que se han puesto ha traducir a toda pastilla los libros precedentes y el subsiguiente (y muy polémico) libro sobre la toma de Berlín. Ya tenemos en la calle este último, que seguramente levantará las mismas jugosas discusiones que ya en su día mantuvo Stalingrado en la New York Review of Books (si teneis oportunidad, echad un vistazo a la liza que mantuvo el mismo Beevor con Jason Epstein, ex editor de Doubleday); prácticamente a la par, se ha traducido su Paris after the liberation, que escribió con la ayuda de su esposa, Artemis Cooper. Es de éste del que me propongo hablaros.

 

Opiniones de lectores
 

Robertokles

Beevor no es un historiador de academia, si entendemos con esto a un licenciado en Historia salido del gabinete de una prestigiosa universidad. Por el contrario, es un militar retirado (no le penseis un anciano: se retiró tras cinco años de servicio) formado en Sandhurst. No obstante, parece lo suficientemente competente para afrontar con determinada solvencia las empresas que se traza. En Stalingrado trazó con corrección y soltura un panorama general de la batalla (en realidad, una serie de operaciones que se extendieron en el tiempo), entroncándo el terreno político de las altas esferas con las acciones tácticas, y éstas con los testimonios de oficiales, soldados, o participantes de toda laya con tal soltura estilística, que le hizo acreedor del Samuel Johnson Prize.

En Paris after the liberation, una obra precedente, se adentra en los entresijos de los cinco primeros años tras el fin de la guerra en la capital parisina. No obstante el papel de la Resistencia, los planes políticos de Estados Unidos, el desesperante talante de Molotov o de Zhdanov, o los vaivenes del Parti, la arrogancia gaulliana, la èpuration de los pétainistas, o el papel de los pensadores, escritores o artistas en la reconstrucción de la vida intelectual, nos son presentados con una simpleza o una superficialidad desalentadora. Es complicado, desde luego, para un historiador, hasta para uno con tales dotes literarias como indudablemente tiene Beevor, trazar en un libro de 532 páginas (en la edición inglesa de Doubleday) con solvencia una obra que quiere abarcar tal espectro. Sólo para enterarnos medianamente de las relaciones intelectuales Sartre- De Beauvoir se han escrito obras mucho más voluminosas, por no decir verdaderas estanterías. En tales circunstancias, es obvio que muchos aspectos han de pasar necesariamente por el bosquejo, aunque no por la caricatura: De Beauvoir, por ejemplo, no es mencionada para otra cosa que para ser una arpía fanática en la sombra de Sartre. Pero sin duda, el delito más flagrante es cometido - y digo flagrante, porque cuantitativamente, Beevor y Cooper le dedican un buen porcentaje del número total de páginas - contra el comunismo en general. Hoy en día, tenemos los ojos limpios para juzgar con la extrema dureza que se merecen los crímenes estalinistas o la despiadada política exterior (no decir nada de la Interior, que era un auténtico espanto) de la URSS. No obstante, la desinformación, o la negativa de creer que el paso del Ejército Rojo, que había sido capaz de destruir la amenaza nazi en Europa Oriental, también marcaba el ritmo de los mismos campos de concentración, era hasta cierto punto lógica. Los diarios de los visitantes implicados con el socialismo (véase, por poner un ejemplo de edición reciente, la ilusionada esperanza de Stefan Zweig ante lo que se pensaba el paraíso de los proletarios en su viaje a Moscú) al corazón de Rusia quedan, por un lado, lejos de la agonía del Gulag (que denunció la voz primigenia de Kravchenko), y cerca de lo que pareció ser un paraíso de justicia social. Beevor - Cooper se muestran inabordables a las percepciones, a los ecos, a las resonancias que podía tener el Comunismo para millones de seres oprimidos, y se complacen en mostrarlos como una pandilla de botarates que saltaban a un chasquido de dedos soviético. Olvidan que, la misma disciplina de partido que les hizo ser sordos ante el creciente rumor del horror, fue la causante de que la Résistance (no en todas las ocasiones tan inoperante u oportunista como dan a reflejar) tuviese un funcionamiento organizado, y muchas de las veces, impenetrable a las delaciones. La balanza queda así tan gravemente desequilibrada que es complicado medirla con el fiel que señalan los autores.

El fervoroso anticomunismo de que hacen gala los autores no se muestra menos riguroso con De Gaulle (a quien dibujan como un inepto arrogante y susceptible, también poco misericordiosamente), o con determinadas posturas estadounidenses, generalmente denunciadas por el pecado de la insensibilidad. Los británicos (como Beevor, su esposa es inglesa) quedan caracterizados por el carácter sereno e inasequible a la corrupción de Duff Cooper, embajador de Gran Bretaña en París, y familiar de la autora, y que retrata su diario, ahora por primera vez a la luz.

En el totum revolutum de la Europa de posguerra (París no es una excepción), B-C están acertados al señalar el papel de las intrigas o lo importante de la rumorología en las percepciones populares. Si descontamos que (dentro del oficio de historiador la tarea más dura es tratar de dar coherencia narrativa a la vida, que no la tiene por parte alguna) hay momentos de cierta inconsistencia en la ligazón de las partes, y los simplismos marcados con anterioridad, nos encontramos ante una obra amena, fácil de leer, suficientemente informada, y medianamente planteada. Iba a anotar que no es nada del otro jueves, pero quizás este Robertokles, que es amante de las obras en varios volúmenes con planteamientos historiográficos más sólidos, esté siendo un tanto injusto. No quedará de más que quien quiera conocer algo del periodo narrado y se acerque por vez primera a esta época de confusión y desaliento, tome este libro, con las salvedades ideológicas señaladas, como una obrita para meterse en honduras posteriores.

En fin, que soy consciente de que lo que he dejado no dice ni mucho ni poco, y que puede ser catalogado dentro de los comentarios a olvidar de Robertokles; pero tengo que hacer la maleta de inmediato, escribo a vuelapluma, no he tomado notas, y me arde el estómago. Hecha esta salvedad, podeis disponeros a fusilarme a mí y al comentario (no necesariamente en este orden)

 

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