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Ficha realizada por Enric Xicoy

UN MUNDO SIN FIN
(A World Without End)
Ken Follett

Editorial Plaza & Janés
Colección Éxitos

1ª edición, diciembre de 2007
Traducción: Anuvela
Género: Novela

ISBN: 978-84-01-33656-0
1184 Páginas


Argumento
 

A principios del Siglo XIV Kingsbridge ya es una importante ciudad de Inglaterra. En esta población viven los descendientes de los protagonistas de una historia vivida en este pueblo 200 años antes durante la construcción de la catedral. Durante casi 40 años, el libro explica la historia de la ciudad a través de la vida de dos hermanos y de dos chicas.

Los hermanos son hijos de un antiguo noble que perdió las tierras. Los cuatro son testigos de un hecho en el bosque que condicionará parte de sus vidas. Uno de los hijos se convierte en escudero y más tarde asciende de clase, el otro en un importante carpintero y constructor. Este último se enamora de una de la chicas, de buena familia, y vivirá distintas historias relacionadas con la medicina y la iglesia. Finalmente la última chica, amiga de la anterior y de clase baja, hija de un ladrón, hará lo posible para mejorar su condición social.

Todo esto en el entorno de la catedral y su monasterio, con los monjes, los comerciantes y los nobles como protagonistas. Y con una invitada de última hora, la peste.

Todo con gran dosis de traiciones, engaños, amores y desamores.

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Opiniones de lectores
 

Invitado

Si digo que leí Un mundo sin fin de Ken Follett en 11 días quiere decir que leí un promedio de 115 páginas al día. Con este dato me parece que demuestro que el libro me enganchó desde el primer momento y que ya no lo pude dejar. No hace falta decir que para que esto pase, es necesaria una predisposición a la lectura, en mi caso basada en varios motivos. El primero es que la lectura de Los pilares de la tierra fue, también, muy absorbente. Con aquel precedente era de esperar que ahora me pasara lo mismo. El segundo motivo, que en realidad debería ser el primero, es que disponía del libro. Os debo confesar que éste lo tuve antes de que se pusiera en venta: algún privilegio debe tener el hijo y hermano de un librero. Y la última motivación previa es que o lo leía durante las fiestas de Navidad o cuando volviera a la rutina diaria me sería muy difícil poder continuar con la lectura.

Pero todos estos privilegios no habrían servido de nada si la narración no me hubiese cautivado desde el principio. Y en esto Ken Follett tiene experiencia. Una escena vivida en el bosque por cuatro niños en el que hay dos asesinatos y un personaje misterioso que esconde una carta bajo tierra o te atrapa o te hace abandonar la lectura.

Follett, por lo tanto, empieza la historia en el bosque. Es aquel bosque que tanta literatura ha convertido en una metáfora de lo salvaje, misterioso, primitivo, peligroso y temido. Aunque las escenas que allí pasan no son muchas, el bosque siempre está presente y aún más cuando ya intuimos que el secreto de la carta no lo conoceremos hasta la última parte del libro.

El texto no deja de ser un bosque argumental, al estilo de un laberinto. Ken Follett sigue una estrategia narrativa bastante conocida. Más o menos en cada capítulo se resuelve un misterio anterior y, a la vez, se plantean nuevos que quedan en suspenso. Vaya, el mismo estilo que han imitado la mayoría de culebrones televisivos. Además, el autor te da suficientes pistas para intuir cómo se resolverán los problemas que se plantean. Éste puede ser uno de los defectos de la obra, y es que a menudo las resoluciones de los conflictos son bastante previsibles y el factor sorpresa desaparece.

De hecho, el argumento del libro no acaba decepcionando. Si entendemos como decepción que los cuatro niños del inicio del libro no tengan el destino que creíamos que se merecían una vez son adultos. Vaya, que el final feliz se deduce desde el principio. Sólo te falta saber el cómo y el cuándo, el que es fácil deducirlo. Per lo tanto, es como aquellos laberintos, para continuar con la metáfora, de los pasatiempos: en los que ves el punto de inicio, el punto de destino y sólo te falta acertar el recorrido para llegar. Los amantes de las sorpresas y los giros de último momento, que no esperen encontrarlos en este libro.

En lo que se refiere al argumento, tiene dos partes muy diferenciadas. La primera mitad del libro es de presentación y desarrollo de personajes. El tiempo, los años, pasan poco a poco y esto permite dedicar más páginas a la descripción narrativa. En cambio, en la segunda mitad del libro, o puede ser el último tercio, los hechos pasan muy deprisa. Vaya, un poco como nos pasa en la vida, que cuando somos jóvenes parece que nunca llegaremos a ser adultos y cuando lo somos nos aterra la rapidez con que nos acercamos a la vejez. Pero esto, en Un mundo sin fin, provoca la sensación de ir a pasos acelerados hacia el fin del libro y que perdemos detallismo. Por cierto, se ha dicho que este libro habla de la peste como un elemento clave del argumento. Sí que tiene un peso importante, pero ésta no aparece hasta más allá de la mitad del libro y, al final, tampoco se le acaba dedicando tantas páginas.

A pesar de ello, todo el libro está cargado de superficialidad. Tildar la obra de “género histórico” puede ser excesivo. Sí que pasa en el siglo XIV y sí que detalla cómo vivía la gente de la época, pero la trama narrativa está por encima de la trama reflexiva. Por supuesto que aparecen debates interesantes sobre el papel de la Iglesia, de la medicina, de la burguesía y de la nobleza. Pero son tratados con superficialidad. Dicho de otro modo, el libro focaliza más la atención en la forma que en el fondo. Esta superficialidad es lo que facilita que el libro se convierta en un producto de masas.

El argumento puede estar cargado de maquiavelismo. Y es curioso porque en la fecha en que acaba la historia del libro todavía faltaban 100 años para que naciera Maquiavelo. Puede que sí que las artes ideológicas y retorcidas de los protagonistas de la historia son parecidas a la gente del siglo XIV, pero en algunos momentos son poco creíbles.

Por cierto, para acabar, un par de errores de “raccord” que no estoy seguro de que podamos adjudicar al autor sino a la traducción (al menos en la edición en catalán, que es la que yo he leído). En al menos dos ocasiones aparecen expresiones o frases hechas relacionadas con las armas de fuego. En un momento, por ejemplo, se dice que “le salió el tiro por la culata” un siglo antes de que aparecerían los primeros rifles. Solamente detalles, minucias de esas que tanto gustan buscar a los cazadores de errores de coherencia histórica a las películas (como cuando un gladiador empuña su arma con un reloj digital en la muñeca).

En definitiva, un libro grande más que un gran libro. Un pasatiempo, un entretenimiento muy bien estructurado y meticulosamente medido para que todas las piezas encajen a la perfección. Con mucha traición, ambición y grandes dosis de sexo.

Con descripciones detallistas, sobre todo cuando las mujeres se desnudan, que satisfarán sobre todo al público masculino heterosexual. Con unas semejanzas casi miméticas a Los pilares de la tierra. En el fondo, es la misma historia, pero ambientada en otra época. Sólo un consejo: intentad leerlo sentados en una mesa si no queréis acabar en el fisioterapeuta cuando lo hayáis acabado.

Enric Xicoy. De su blog Ges Avall

 

RealPalas (Registrado)

Esta novela no es, ni mucho menos, tan redonda como "Los pilares de la tierra" en lo que se refiere a las relaciones entre las historias de los distintos personajes. Ese secreto tan importante del principio que se desvela al final no afecta directamente a la vida de ningún protagonista, como sí ocurría con la muerte del padre de Jack.

Por otro lado, el argumento consta de historias que van y vienen, comienzan y terminan, pero no llegan a enganchar hasta el final como en la anterior novela.

En cuanto a los personajes, Follett sabe muy bien que la mayoría de sus lectores son mujeres, por eso crea unas heroínas fuertes y capaces de cosas increíbles. Y los malos, pues malísimos y muy parecidos a los de "Los pilares de la tierra": el bestia (William-Ralph) y el ladino (Waleran-Godwyn/Ralph).

Raquel Alarcón

 

Doctor Lecter (Registrado)

Tiempo después de leer el último libro de Ken Follett, "En el blanco", oí que iba a escribir la segunda parte de "Los Pilares de la Tierra", y tuve mis reservas. Una segunda parte de uno de los libros más exitosos de las últimas décadas no podría ser tan bueno como el original, pero cuán equivocado estaba. Es incluso mejor.

Absorbe cada una de las páginas de manera similar al primero, y las mil y pico páginas que tiene se pasan volando. Esta continuación tan esperada sigue la misma línea que su predecesora. Un hecho ocurrido al principio será la clave de toda la historia -en el primero era un ahorcamiento y en este es la misteriosa carta-, y no se desvelará la verdad hasta el final, y al igual que en el primero acompañamos a los cuatro niños protagonistas durante el periplo de su vida a lo largo de treinta y cuatro años, pasando por momentos felices y auténticas penurias y calamidades.

Y si en "Los pilares de la Tierra" algunos personajes eran realmente odiosos los de éste no le van a la zaga. Es increíble lo rastreros, mezquinos y crueles que llegan a ser éstos por alcanzar sus objetivos, que, como es habitual en Ken Follett, consiguen.

Existen algunas referencias a "Los Pilares de la Tierra" y a sus protagonistas, pero hace casi diez años que lo leí y me acuerdo más bien poco, así que tal vez me lo vuelva a leer, pero no de momento.

Definitivamente Ken Follett ha conseguido repetir el éxito arrollador que tuvo con "Los Pilares de la Tierra" allá en 1989 -¿de veras ha pasado tanto tiempo?-, por algo es uno de los mejores escritores de nuestra época. Y sin duda este es un libro que hay que leer.

 

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