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Ficha realizada por AdsoDmelk
CORRE, CONEJO
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(Rabbit, run) John Updike
Editorial Seix Barral Año, 1984 348 Páginas |
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Hace tiempo que Harry Conejo Angstrom fue una estrella del baloncesto juvenil. Ahora vive en un aburrido pueblo situado en un valle, está casado con Janice, tiene un hijito llamado Nelson y trabaja como vendedor de un utensilio de cocina. Para colmo, su mujer, que está a punto de dar a luz, no para de darle a la bebida, por lo que un día, de repente, decide coger el coche y lanzarse a la carretera en vez de volver con su familia. En un principio no llegará muy lejos, pero desde ese momento su vida va a sufrir un cambio drástico. Sin amar a su mujer, pero también sin dejar de quererla del todo, la conducta inmadura y contradictoria del protagonista tendrá consecuencias inesperadas en las que no había pensado.
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AdsoDmelk
Novela de sabor agridulce, que traza de una manera brillante los perfiles de los personajes (Conejo, su mujer, los padres de ella, el reverendo Eccles -empeñado en devolver al redil al protagonista, aunque él mismo esté lleno de contradicciones- y otros personajes que no citaré para no revelar datos) y muestra con detalle, a través de hermosas descripciones, la apacible vida de un pequeño pueblo del que no es fácil escaparse. Fuertemente influenciada por el sentimiento de culpa cristiano, la novela muestra que nuestros actos tienen consecuencias a veces imprevistas en los demás. Conejo tratará de liberarse de un modo de vida aburguesado e hipócrita, que le hace infeliz, pero al mismo tiempo es incapaz de encontrar lo que desea. Muy recomendable.
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Santi37
Caramba, qué gusto leer literatura para adultos, que no sean superdotados neuronales. La historia se capta, se comprende en su totalidad: ese hombre cualquiera que un día sale del domicilio conyugal a por tabaco y de repente piensa “no puedo volver allí; simplemente, no puedo”. Y va pone en práctica la idea, y no porque tenga un plan preconcebido, sino porque, aunque no sabe lo que quiere, sí sabe lo que NO quiere.
Esta novela contiene una de las descripciones más sobrecogedoras que he leído jamás, y un poder de evocación realmente notable: he vivido en una pequeña y paleta ciudad de Pennsylvania durante cuatro días, he olido las flores de las calles y de los cementerios, he sentido el tacto rugoso de una pelota de baloncesto... y me he sentido acorralado por las obligaciones como Harry “conejo” Armstrong.
Resulta también curiosa la audacia con que el autor conjuga unas escenas de contenido “subidito de tono” para la época (Estamos en 1960, amiguitos) y la presencia de la religión, tan omnipresente en los USA en todas las épocas. Y no me explico cómo, en los años dorados de Hollywood, cuando Jane Fonda hacía pelis en los ratos libres que le dejaban las manis contra Vietnam y Dustin Hoffman hacía de chapero arrastrao en Cowboy de Medianoche, cómo no se llevó esta novela al cine. Habría sido estupendo... aunque si la hubieran hecho, probablemente yo no habría tenido la suerte de leer esta novela... Nada, nada, no he dicho nada.
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Juan P.
Es posible que una vez cocnluida la lectura de esta novela el lector se sienta inclinado a pensar que finalmente no logrará sobrevivir al paso del tiempo. Updike, no sólo nos describe de un modo muy notable la vida americana de una pequeña ciudad de la costa este, sino que nos lleva a observar algo más importante, que puede servir hoy para comprender la psicología de una sociedad que está introduciendo su cultura en el resto del mundo: se trata de la verdadera conciencia del norteamericano medio. Los engranajes mentales que puede desarrollar un hombre en una sociedad como la estadounidense con todo el peso de una evolución histórica como la suya. Si como parece, desgraciadamente, USA logra imponer al resto del mundo occidental ese modelo de sociedad, creo que "Corre, Conejo" llegará a convertirse en una verdadera obra de culto, aunque sólo sea para que nos ayude a comprender mejor ese mundo. Recomiendo leer "El regreso de Conejo": más historias del norteamericano medio, con una visible mejora del estilo.
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Ignacio Gaucho
Placer, es la palabra. La cuestión es si John Updike sabe el efecto que causan sus obras en el lector. En mi opinión sus descripciones remedan en prosa, la más hermosa de las poesías, cargadas de una retórica y un realismo epatante y digo más aún, el hombre, en cuanto ser humano, no ha sido tan contradictorio y absurdo como en sus novelas.
En Corre Conejo vemos a un Hombre que bien podría ser nuestro vecino, con sus cuitas, o nosotros mismos. Y bien podríamos decir que en el fondo todos siempre quisimos salir corriendo en algún momento de nuestra vida. Un 10 para Updike (Lean El regreso de Conejo)
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Gustavo Duek (Registrado)
Ya desde “Corre, Conejo”, capítulo uno de la tetralogía de “Conejo” Harry Ángstrom entendemos por qué el tratado de sociología que esconde esta poética y surrealista novela es el eje central en la obra de Updike. El protagonista de esta obra capital de la literatura norteamericana contemporánea, la emparenta con los ya clásicos Holden Cauldfield de Salinger, Augie March de Bellow, o Frank Bascombe de Richard Ford. Cada uno con su matiz, encarna a perdedores sensibles que no han hallado su lugar en el mundo y que no salen indemnes de la búsqueda.
“Corre, Conejo” inaugura la historia de un personaje que quizás sin proponérselo (ni el propio Harry ni el autor aluden de forma explícita al detalle) abandona su hogar, a su mujer embarazada y alcohólica y a su hijo para no regresar, y decide de esta manera cambiar el rumbo de una existencia plagada de fracasos.
Ex campeón de básquetbol y actual vendedor de pelapapas, Conejo movido por inercia, (una inercia extrema, violenta sin violencia) medita su devenir interviniendo en un “juego de 21” con chicos a quienes siquiera conoce, mientras su mujer se las arregla con el alcohol y la televisión. Su abandono es natural, no media el diálogo ni la meditación; es la calma que no precede ninguna tormenta, es una calma que describe el terror de lo cotidiano, del lugar que uno ocupa en el mundo y de cómo el mundo se ocupa inexorablemente de uno. Nunca el autor da cuenta de la toma de conciencia de Harry durante su peregrinaje errático e inerte. Crear conciencia significa erradicar inercias.
Conejo corre pero nunca logra escapar de sí mismo. Escapa de la vida familiar y de la muerte, a la que enfrenta en una tragedia relatada con una precisión que recuerda a la decisión final de Ana Karenina. Justamente la última huída de Harry lo encuentra en un cementerio.
Suerte de autista inconsciente con falaces destellos de sociabilidad, en constante tensión con su entorno, su historia corre la suerte que le determina el instante.
La novela, estructurada de una manera pretendidamente anárquica, cautiva por el uso de un lenguaje poético que narra las más sórdidas experiencias, situaciones inimaginables de extremo realismo, de las que Updike se sirve para pintar como nadie (como pocos) la relación del norteamericano promedio con su nación todopoderosa en la última mitad del siglo XX.
El hilo de la narración se presenta arbitrario: la huída, el encuentro con su ex entrenador Totero y el relato de su enfermedad excelentemente contrapuesto a la tragedia que cierra el relato, sus aventuras con prostitutas, el encuentro fortuito con una de ellas que es su hermana, la aparición del reverendo Eccles y su mujer, quienes asumen un papel decisivo en el regreso y posterior huída de Harry. Los acontecimientos y personajes invierten la normativa de la novela tradicional, son el contexto ideal para teorizar mediante una prosa lujosa rica en metáforas, la lógica implacable de una moral al servicio de la dominación.
En Updike, confluyen la adjetivación preciosista de Proust, el humor de Salinger y el fatalismo kafkiano. Pero quizás en éste, el primer volumen de la saga, la referencia más inmediata sea (al menos al comienzo, cuando nada sabemos de Harry Angstrom) la insensibilidad y la desesperanza del Meursalt de Camus. Un personaje que se deja vivir por sus circunstancias como si en realidad fueran la causa y no la consecuencia de sus actos. En palabras del antipoeta desesperanzado Mario Levrero:
“…La idea misma de salida es incorrecta: no podemos salir porque no queremos salir, porque sabemos que no hay un “hacia donde”, porque la selva es uno mismo y una salida implicaría alguna clase de muerte, o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que se podía morir cierta clase de muerte de apariencia inofensiva, hoy sabemos que esas muertes eran las semillas que sembramos de esta selva que hoy somos…”
Gustavo Duek
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