| La Camilla de Doña Zoila |
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:[volver al índice de artículos de Doña Zoila]Clamors als Goya
Leído en el Periódico de Catalunya
Escrito por EDITORIALLa semana pasada se entregaron los premios Goya, tal vez por última vez con este nombre, que cada año el cine español concede a los mejores dentro de este arte. Y, si el año pasado la ceremonia fue movidita, este año no le ha ido a la zaga; si el año pasado fue la guerra contra Iraq, este ha sido el linchamiento moral al que se ha querido someter a Julio Medem. Por eso creo que acierta el editorial del diario catalán cuando señala que actualmente la libertad de expresión en España está en peligro, porque hay “un ambiente de discurso único, si no inquisitorial”. Acierta y aún se queda corto.
Desde que Anika me propuso colaborar en su web, no he tenido el más mínimo problema para comentar lo que me ha parecido más conveniente según mi criterio. Jamás un problema, ni antes ni después de escribir mis comentarios. Es más ella, que legítimamente lo podría haber hecho, no me ha dado la más mínima indicación, ni sobre el contenido de los temas, ni sobre la línea a seguir. Eso se llama libertad de expresión. Sí, señores, LIBERTAD DE EXPRESIÓN, así con mayúsculas. No la parodia que sostienen este gobierno y algunos de sus medios, empeñados en impedir y ocultar, por ejemplo conocer la verdad sobre el ataque a Iraq.
En todo este tiempo he procurado evitar referirme al conflicto del País Vasco y, nótese bien, que digo del País Vasco y no con el País Vasco, porque, esencialmente, el problema mayor en mi opinión, lo tienen los propios ciudadanos de esa comunidad autónoma, que todavía no han logrado ponerse de acuerdo sobre qué tipo de relación quien mantener con el resto de sus conciudadanos. Y, si entre ellos no han sido capaces de llegar a un acuerdo, es fácil imaginar lo que podremos decir los que no disponemos de todos los datos sobre esta cuestión. En todo caso deberíamos aportar serenidad.
Sería pues muy deseable que, primero, los vascos lleguen a un acuerdo básico -de mínimos- entre ellos para poder después argumentar, ante quien que corresponda, lo que quieran respecto a esas relaciones. Y el primer acuerdo tiene que ser el cese inmediato de cualquier tipo de violencia.
Por eso me parece terrible que, como dice el editorial de El Periódico, que 25 años después de aprobada la sacrosanta Constitución, que tanto hay que respetar, los representantes del cine español tengan que verse en la obligación moral de defender el trabajo de un director -Julio Medem- que ha hecho un documental sobre la situación en el País Vasco y que, como era de esperar, ha sufrido los más duros ataques de los de siempre. O sea de defender la libertad de expresión.
Se podrá estar de acuerdo con el contenido o no del dichoso documental, que evidentemente es discutible, como señala el editorial, pero no se sostiene en absoluto, repito en absoluto, que Medem ponga en el mismo rasero a ETA que a sus víctimas. Esto es sencillamente mentira. Lo que ha tratado es “dar un grito para la reflexionar sobre el conflicto”. Es posible que mal, pero es lo que ha hecho.
Se podrá pensar que es sesgado hacia posiciones nacionalistas pero me pregunto, si acaso eso es un delito. En el peor de los casos será una falta de objetividad. Se podrá estar cercano, en mayor menor grado, a esa ideología y se podrá absolutamente en contra de ella, pero no se puede exigir que se retire la nominación del documental para acceder a un premio, que después no ha obtenido, basándose en una premisa de tal escasez de peso. Eso tampoco es objetivo.
Lo único que se ha conseguido es volver a remover las aguas muy turbias de las relaciones entre el nacionalismo vasco y el nacionalismo español, que no nos engañemos es lo que se esconde tras el constitucionalismo. ¿Cuándo tendremos la valentía de llamar a las cosas por su verdadero nombre?
Porque el PP y el PSOE y la mayoría de IU, sobre todo los pertenecientes al PCE, representan, con toda la legitimidad del mundo, al nacionalismo español. Porque, amigos, si hay un nacionalismo vasco, catalán o gallego, por qué no puede haber uno español. Lo que es absurdo es esconderse tras la Constitución para no dar la cara.
Ahora bien, lo que ocurre es que hay diferentes grados de nacionalismo español y, desgraciadamente, el que hoy impera es el antipático. Igual que ocurre en el País Vasco, donde sé perfectamente que existen grupos ultra violentos, que no sé por qué les llaman radicales, cuyo único lenguaje es el que todos desgraciadamente sabemos, hay otros grupos que están dispuestos a llegar a acuerdos, a las transacciones, al diálogo reposado y tranquilo. Pero, claro, si desde el nacionalismo español se les contesta sólo con el insulto, con la descalificación y con un portazo en las narices, acabaremos por radicalizarles y creo que aquí si está bien empleada la palabra.
Una vez más ha pesado más ese sector del nacionalismo español que opta por la vía de griterío y la coz, en vez de dar ejemplo de concordia y mostrar un talante dialogante. Allá ellos.
Y, en segundo lugar, pero no menos importante, creo, como señala también el editorialista, que hay que destacar el hecho de que Iciar Bollaín, haya logrado ese extraordinario éxito con su película “te doy mis ojos”, que califica de “un impecable alegato contra los malos tratos”. Aún no he podido ver esta película pero sólo por el tema que trata ya es merecedora de reconocimiento. Porque, ¿qué está pasando?
¿Cómo es posible que casi cada día muera una mujer víctima de la violencia de género? ¿Cómo es posible qué una mujer embarazada prefiera lanzarse desde un cuarto piso antes que seguir en esa situación? ¿qué grado de desesperación se tiene que alcanzar? La respuesta es muy sencilla, porque la sociedad española es todavía muy machista y porque hay una total impunidad, cuando no tolerancia, para con los agresores.
Y, al igual que hay muchos tipos de nacionalistas, hay varios de machistas. El que lo es por incultura, por ignorancia atávica, porque lo ha heredado de su padre o de su abuelo, porque ha mamado ese ambiente, porque cree que es una tradición, porque cree que en el fondo debe ser así, etc. Mal está, pero muchas veces este machismo, reprobable en todo caso, no es responsabilidad única de quien lo ejerce.
Pero hay uno peor, el ideológico. El que encarnan personajes siniestros como Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia, que llama menudencias a los abusos sexuales sufridos por una adolescente de 16 años (hay ya condena, luego no se vulnera la presunción de inocencia) causados por en alcalde de un pueblo de Galicia, donde este personaje es un cacique local, que al grito de “daré mi sangre por el pueblo” y aporreando la mesa, se niega a dimitir arropado por los gritos de sus fieles. Gritos, golpes y sangre, siempre el mismo argumento, siempre el mismo ritual.
Fraga, auténtico residuo de la criminal dictadura que sometió durante 40 años a los españoles, dinamitero y represor del diario Madrid, ministro de la Gobernación cuando los sucesos de Vitoria y Montejurra, tiene el valor de decir que es de hipócritas quejarse por esa agresión y por contra defender el amor libre. Las palabras amor y libre en boca de ese energúmeno suenan a burla y escarnecen la memoria de millones de víctimas que, a lo largo de la historia de la humanidad, han entregado sus vidas por el amor a los demás y por la libertad. Por favor, no insulte más nuestra inteligencia.
Y el machismo vergonzante de Mariano Rajoy, quien guarda un silencio cómplice ante semejante situación, y no tiene la valentía de expulsar al mencionado alcalde del PP y exigir a los concejales de ese partido que, ellos mismos, promuevan una moción de censura contra semejante individuo.
Y el machismo hipócrita de José María Aznar López, que se escuda en que ya no es el dirigente del PP, para esquivar la obligación de dar su opinión sobre esta cuestión, cuando sabe perfectamente que sólo una palabra suya bastaría para poner fin a semejante ignominia.
Y el machismo aberrante, ausente del más mínimo atisbo de caridad cristiana, de la Conferencia Episcopal Española que dice públicamente que la violencia de género es consecuencia de la libertad sexual y de los medios de comunicación que apoyan las relaciones entre homosexuales. ¡Qué desvergüenza! Señor, perdónales su silencio ante otros divorcios y usos de la libertad sexual.
Y el machismo lacerante de quienes son los encargados de que se haga justicia, de la sana aplicación de la Ley, y no castigan a un agresor, no por falta de pruebas, que podría ser algo discutible, sino porque la agredida “vista bien y a la moda”.
Terrible es que haya agresores, que son los autores directos de las agresiones y de sus consecuencias, pero sus encubridores, sus apologetas, sus colaboradores necesarios y sus confesores son otros. Reflexionemos sobre todo esto ahora que se acerca el tiempo de elegir.
Doña Zoila
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