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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

La urgencia de la dignidad humana
Leído en Liberation (Marruecos)  2 marzo de 2004
Escrito por Amina Talhimet

Aquí, donde yo vivo (no importa el nombre), hay una cantidad significativa de marroquíes. Fueron llegando poco a poco; primero vinieron ellos, trabajaron en lo que pudieron y además duro. Después empezaron a llegar sus familias; las mujeres y los niños e incluso algunos abuelos. Varios ya han tenido aquí sus hijos y, por eso, ellas también han ocupado las camas de los hospitales para parir, a pesar de Esperanza Aguirre, esa presidenta tramposa de la Comunidad de Madrid (curioso nombre  -“esperanza”-  para semejante xenófoba). Imagino qué hubiera ocurrido si, en vez de la xenófoba de Madrid, la queja sobre la ocupación de las camas por parte de extranjeros, las hubiera dicho algún catalán o algún vasco. Ya estaría desatada la guerra mediática ansoniana y de sus corifeos y los Bono y Rodríguez  Ibarra pidiendo “ipso facto” rupturas de pactos y acuerdos... ¡Dios qué gente!

Pero dejemos a los traidores, al manipulador y a la xenófoba tramposa porque el tiempo les pondrá a cada uno en sus sitios respectivos: el cesto de los papeles, por decirlo con corrección.

Decía que conviven con nosotros muchos magrebíes. A varios los conozco desde hace tiempo, he vivido de cerca sus problemas y he visto crecer a sus hijos. También he compartido sus ilusiones pero, sobre todo, he sabido de su miedo, de su desconfianza, de su aislamiento. Y ahora les ha llegado el desastre en forma de terremoto.

Me ha afectado profundamente porque sé que algunos han perdido familiares, amigos y conocidos. Por todos ellos quiero escribir sobre su situación, al tiempoque llamar a la reflexión sobre el algunos puntos que me parecen importantes.

La zona del terremoto está localizada en el Rif, una región muy peculiar, con cierto grado de nacionalismo. Los colonialistas españoles no lo tuvieron fácil y Abd El K’rim dejó su impronta. Muchos no se sienten marroquíes y, ahora, lo han recordado. Allí hay buena pesca, como muy bine sabe Federico Trillo y también buena gente, muchos de los cuales hablan castellano con bastante soltura. Allí se emplearon gases tóxicos contra la población civil. No es una región afortunada.

Dice Amina Talhimet en el diario marroquí Liberation (socialista), que las catástrofes naturales son imprevisibles y que, con la excepción de Japón, cualquier país del mundo que hubiera sufrido un terremoto de la intensidad de sucedido en el Rif, hubiera tenido efectos devastadores. Es muy posible querida Amina, es muy posible. Pero ese no es el verdadero problema.

Como tú misma dices, haciendo uso de tu restringida y peligrosa libertad de expresión, los efectos hubieran sido menos devastadores si en tu país se cumplieran taxativamente las normas de construcción de casas, de acuerdo con las disposiciones legales. Porque, en efecto,  queridos lectores, en Marruecos existe, según desvela la periodista,  una legislación específica para la edificación de casas en esa zona del país, que es considerada de alto riesgo sísmico. Pero entonces, ¿por qué no se cumple la ley? Sencillamente porque no hay quien se encargue de la vigilancia y del cumplimiento de las leyes, como ocurre en todos los regímenes autoritarios, donde es más importante el control de los ciudadanos que su bienestar. Marruecos no es una sociedad libre, ni siquiera dispone de una libertad bajo mínimos y vigilada donde medran los tramposos, como ocurre en la España de hoy. Allí no es posible criticar abiertamente a los responsables de esta situación calamitosa. Acaban encerrados.

Dice Amina que no se pueden evitar las catástrofes naturales, cierto, pero sí se puede señalar con el dedo a los responsables de que en la construcción de casas no se cumplan las normas de seguridad, sobre todo si se sabe, como dice ella, que esto es así desde siempre. Y también hay que pedir responsabilidades a quien corresponda, de que las infraestructuras sean aún claramente insuficientes, la ayuda se canalice tarde y mal y, a veces, ni llegue a sus destinatarios porque se envía a otras regiones del país. Y también de que las autoridades retrasen, por una burocracia criminal, hasta doce horas, la distribución de la ayuda.

Tienes razón querida Amina al decir que es casi seguro que las casas se hubieran derrumbado igualmente pero, también la tienes, cuando señalas que, posiblemente, los daños a las personas hubieran sido mucho menores: casi 600 muertos y previsiblemente la cifra aumentará con el paso del tiempo, si las normas se hubieran respetado. Ahora para los muertos, los heridos, los que han perdido todo ya es tarde. Y no hay responsables.

Y pones el dedo en la llaga de tu, para mi, querido país, cuando dices que el grado de desarrollo de una sociedad también se mide por la existencia de reglas elementales de derechos y de responsabilidades. Claro Amina, claro.

Y añades que, para muchos, la pérdida de “la casa de su vida” ha supuesto perderlo todo, la conversión en un montón de escombros de su salario de muchos años ganado en Holanda o en Alemania. Y ahora cabría preguntar ¿quién va a responder por todo esto?

Sugieres que el Estado debe hacerse cargo de las indemnizaciones que correspondan a los cientos de afectados por el desastre que se van a endeudar o se han quedado, sin más, arruinados. No creo que ocurra y, además, te digo claramente que no creo que sirva para arreglar el problema de fondo de tu país. Esto no significará que en el futuro se asuman responsabilidades. Es el clásico y sistemático parche de la ayuda inmediata, la caridad. Pero la verdadera ayuda, que es otra, debe continuar y prolongarse en el tiempo.

No podemos permanecer estáticos ante la calamidad. No basta con enviar ahora mantas, equipos sanitarios y hospitales de campaña, algo que es necesario en este momento pero, precisamente por ello, sólo es un remedio temporal. Hay que cooperar con seriedad para modernizar la sociedad de ese país y de otros muchos. Ellos también tienen que entrar de una vez por todas en el siglo XXI. Si tuvieran camas en sus hospitales no vendrían a “ocupar” las de la xenófoba tramposa. Si tuvieran trabajo en su país no vendrían a limpiar nuestras calles, el culo de nuestros hijos o nietos, ni fregarían los suelos de nuestros hoteles y restaurantes. Estarían allí donde han nacido, con sus amigos, con sus parientes y su cultura. Esta es, amiga Amina, la urgencia de la dignidad humana de la que tú hablas.

Te alarmas con la gran crispación que se vivió en el Rif durante las primeras horas inmediatamente posteriores al seísmo. Hubo importantes protestas callejeras, con heridos y detenidos, se criticó al gobierno e incluso al todopoderoso e intocable Mohamed VI. Y eso en Marruecos es impensable. ¿Puede significar que algo se está moviendo? ¿que la sociedad marroquí está harta de que su señor viva en el mayor de los esplendores mientras hay zonas del país que malviven en una época casi feudal? O, simplemente, es una más de las revueltas de los beréberes. Mohamed VI,  “el primo” del Jefe del Estado designado por Francisco Franco estuvo diez minutos en la zona del desastre. Diez minutos, Amina, diez minutos.

Marruecos debe tomar, de una vez, el camino de la conversión del país en una sociedad moderna. El país es pobre, sin duda, pero tiene mimbres. Lo peor no es la pobreza, sino la injusticia secular, que hace que los recursos –muchos o pocos-  estén en las manos de quien no corresponde.

Sin embargo, y a modo de inciso, no convendría perder de vista que no sólo es en Marruecos donde suceden estas cosas, achacables en buena medida a las malas infraestructuras, al incumplimiento de las leyes o a la falta de libertad. En la España del aznarato, ¡qué parecido con porfiriato!,  ha bastado un temporal de dos o tres días, con nevadas en cotas bajas para que cientos, ¡sí señores!, centenares de personas se quedarán atrapadas en una autopista de pago, en la provincia de Burgos, cientos de camiones bloqueados en Irún y algunos incidentes más en otros sitios. Y claro, aquí donde todo es libertad, mercado y democracia, pues resulta que tampoco sabemos de quien es la responsabilidad de semejante situación. Ni el Ministerio de Fomento, ni la concesionaria de la autopista, ni los gobiernos de las autonomías afectadas, nadie.

En fin, Amina dices que hubo grandes deficiencias y que mucha gente tuvo sólo la ayuda de sí misma. Algo es algo. Por fin se puede decir un poquito de la verdad sin que los huesos de quien lo dice acaben apaleados o en la cárcel. Pero, ahora, lo más importante es que la ayuda inmediata necesaria llegue, sirva para los afectados y no se pare ahí, como ha pasado con la información, al cabo de 48 horas. ¿Quién se acordará del Rif pasado mañana?

El recuerdo es también la urgencia de la dignidad humana.
 

Doña Zoila

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