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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

La foto que removió la nación
Leído en The Seattle Times (25 abril 2004)
Escrito por Editorial

Una foto publicada en el periódico Seattle Times ha provocado una importante polémica en los Estados Unidos. Creo que se trata de un debate interesante que afecta, directa o indirectamente, no sólo a los ciudadanos de ese país, sino a todos los que de alguna forma estamos interesados en algunas cuestiones referidas a la ética de la información y por tanto, deberíamos estar atentos a lo que se argumenta a favor y en contra.

La foto en cuestión recoge, perfectamente alineados, una serie de féretros de soldados del ejército de los Estados Unidos cubiertos con la bandera de su país y dispuestos para ser devueltos a sus familiares. La foto está tomada en Kuwait, no es de excesiva calidad y no es en absoluto sangrienta o irrespetuosa para con las víctimas.

Sin embargo, desde el Pentágono, se ha acusado al diario de Seattle de incumplir la norma que desde 1991, según reconoce el propio periódico, impide la publicación de fotos de ese tipo. ¿Podríamos decir que estamos ante un típico caso de censura? Pues yo no tengo la respuesta tan clara.

He hablado con algunas personas que trabajan en medios de comunicación y la opinión mayoritaria ha sido precisamente esa: es un claro caso de censura interesada para tener al pueblo estadounidense en la inopia. Yo, personalmente, que estoy totalmente en contra de esta y de cualquier otra guerra, con o sin el paraguas de la ONU, no estoy de acuerdo con esta postura, al menos, como única explicación.

En primer lugar porque los Estados Unidos no son, precisamente, un país aislado del mundo o atrasado tecnológicamente y, muchos de sus ciudadanos, pueden entrar en la red y ver fotos de lo que está sucediendo en Iraq.  Esto no lo puede evitar el Pentágono.

Es evidente que impedir la publicación de una foto en un diario es un acto censor y, en términos generales, reprobable.  Sin embargo aquí, en mi modesta opinión, habría que examinar también sí la foto, u otras fotos o imágenes aportan algo informativamente.

El editorialista del Seattle Times insiste en que el Pentágono debe cambiar su posición ante la publicación de este tipo de fotos y da una serie de argumentos que me parecen convincentes.

Afirma que la foto no era irrespetuosa con los cadáveres de los soldados: cierto, sólo se ven los féretros cubiertos por la bandera de las barras y las estrellas; que son anónimas, es decir, que los familiares o amigos no pueden identificar a sus seres queridos por signos exteriores. Y que, en definitiva, no se trató, al hacer la instantánea, de una reunión de paparazzi en un aeropuerto en persecución de fotos morbosas para venderlas al mejor postor. Todo esto son argumentos serios y razonables y que, sin duda, habrá que examinar. Pero la cuestión básica sigue sin contestar. ¿Aporta algo esa foto informativamente?

¿Ha aportado algo la foto espeluznante de los ciudadanos estadounidenses colgados, descuartizados y quemados vivos que se ha visto en las portadas de muchos diarios españoles? Sí, horror.

Ya me pareció muy peligroso el tratamiento gráfico, tanto en papel como en imagen de TV, que se dio a los acontecimientos del 11 de marzo en Madrid. Creo que hubo escaso pudor. Se filmaron deliberadamente escenas terribles, en las que se podía identificar, por parte de quienes los conocieran, los cadáveres, los heridos, los afectados por el brutal atentado. Creo que es una falta de respeto y, sin embargo, no recuerdo que en España nadie haya levantado la voz para decir: alto ante este espanto.

Porque, aquí, sí tengo muy claro que esas imágenes no aportaron nada desde el punto de vista de la información. Por eso me ha llamado la atención la polémica suscitada en los Estados Unidos, que creo muy positiva y un sano ejercicio democrático.

Por supuesto, habrá mentes obtusas que querrán ver sólo la parte negativa, que para denigrar a George Bush,  identifiquen, sin más, el hecho, con la censura militar. Allá ellos. No es a estos fanáticos a quienes quiero hacer llegar mi reflexión y, por otra parte, Bush se denigra a sí mismo sin necesidad de ayuda.

Añade el editorial del Seattle Times otro argumento que me parece prudente analizar. Señala el articulista que la foto polémica, realizada por Tami Silicio, quien al parecer trabajaba para el ejército de EE.UU. y a quien se la compró el diario, puede ser utilizada igualmente por los partidarios de la guerra como por sus detractores, o por los simpatizantes de George Bush como por quienes están en contra de su gestión. Creo que, de nuevo, acierta, porque la demagogia no conoce límites y siempre es fácil utilizar los sentimientos de los demás con fines propagandísticos.

Y el acierto del diario estadounidense se puede perfectamente extrapolar a España y el 11-M. ¿Qué reacción sienten los ciudadanos cuando ven mutilados, destrozados, ensangrentados los cuerpos de gran número de personas totalmente ajenas a los intereses y decisiones de los políticos y que sin embargo, han sido víctimas de un supuesto ataque por la participación española en la guerra en Irak? ¿Justificarán la intervención precisamente por ese acto? ¿Creerán que se podría haber evitado la matanza sin esa participación?

Yo no creo que la mayoría de esos ciudadanos estén, al día siguiente, manifestándose contra la guerra  ni contra el gobierno y, tampoco, que estén más a favor de la guerra. Habrá todo tipo de opiniones, pero las reacciones se producirán tras un tiempo de asimilación de lo que les ha ocurrido a ellos y sus familiares y amigos.

Yo, personalmente, creo que la participación de España en la invasión de Iraq ha sido una barbaridad y es muy posible  que, sin ella, los ciudadanos de este país no estuviéramos ahora en el punto de mira preferente de esos terroristas.  Pero, lo que sí está claro, es que tenía esa opinión antes de la matanza del 11-M y que las imágenes que he visto no han influido en mi opinión ni en mi voto. Sólo me han producido un horror difícil de olvidar.
 
Pensemos por un momento en un caso concreto que a mí me afectó profundamente. En una de las estaciones quedó tirado el cochecito de una niña de siete meses que murió, junto con su padre, en el atentado de ese horrible día.  Además salió la persona (encomiable por cierto) que atendió a la criatura y la llevó moribunda al hospital, dando detalles sobre el comportamiento de la pequeña.

Sólo ha sobrevivido la madre, una inmigrante polaca. Y pregunto ¿Le habría gustado ver esa imagen por TV? ¿No es una absoluta invasión de su intimidad y de su dolor? ¿No estaremos vulnerando su derecho a la privacidad con un falso criterio informativo?

Porque no se trata de un torero, o el padre de un torero, que vende su vida por una cantidad determinada a cualquier revista y, luego, monta un espectáculo porque les persiguen los fotógrafos. No se trata de investigar las andanzas de cualquier futbolista y sus posibles infidelidades. Ni siquiera se trata de las presuntas juergas de algún miembro de la familia real. Se trata de una madre que ha perdido a su hija con tan sólo siete meses.

Evidentemente, no pido que el Ministerio de Defensa o el Ministerio del Interior digan lo que se debe publicar o lo que no se debe publicar, o establezcan un listado de lo que es morboso o deja de serlo. Esto es impensable. Se trata de que sean los propios medios de comunicación los que establezcan criterios más acordes con lo que son los sentimientos de las personas normales y corrientes. Se trata, en definitiva, de respeto.

Parece, sin embargo que, para muchos, ya no hay diferencia en el tratamiento entre lo que es una información veraz y lo que es bazofia. No entienden la diferencia entre los estúpidos que se dejan grabar en programas infectos y repugnantes como el gran hermano y similares y lo que es el tratamiento profesional de ciertas noticias. Y aquí el criterio debe ser unánime. Evidentemente el terrorismo no va a desaparecer por no informar de él. Pero una cuestión es informar y otra azuzar, en uno u otro sentido los sentimientos de las personas aprovechándose de la muerte y el horror. Y ese criterio debe ser respectado por todos y cada uno. El Gobierno, los partidos y los medios.

El problema es que quizá nos hemos acostumbrado tanto a ver con indiferencia el dolor ajeno en imágenes terribles de matanzas en Uganda, Haití, Mozambique, Guatemala, Balcanes, Gaza, Israel y también en las costas de Canarias y Andalucía, por no hablar de ETA, con su goteo de muertes que ya somos incapaces de diferenciar lo que es información de lo que es un insulto a la ética. Bienvenida la polémica de la foto que movió a una nación, pese a los obtusos.
 

Doña Zoila

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