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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

Reformar Europa
Leído en El Periódico de Catalunya (3-mayo-2004)
Escrito por Sami Naïr (Eurodiputado socialista francés)

Muchas han sido las fiestas, con fuegos artificiales y todo tipo de declaraciones optimistas, que se han producido entre los gobernantes de los diez países que desde el uno de mayo pertenecen a la Unión Europea. Algo menos festivas han sido las reacciones de sus ciudadanos y en los países que ya eran de la UE. Y, por lo que sé, francamente pesimistas  entre muchos españoles que, sobre el asunto de la ampliación, se han pronunciado, salvo, claro está, la mayor parte de los políticos, tanto del PP como del PSOE.

Yo, que me encuentro entre el grupo de los euro escépticos, no tengo muchos motivos de alegría. Quiero dejar claro que mi escepticismo no es en absoluto comparable al de los británicos, que son en realidad unos insolidarios, caballo de Troya de los Estados Unidos y un cáncer para la construcción europea.

Precisamente, porque el modelo que ha triunfado para la construcción europea, se parece mucho al que representan los británicos, es por lo que estoy muy alejada de este proyecto que considero antisocial, poco solidario, ultraliberal y escasamente democrático.

Pero, pese a ese escepticismo, el asunto, me preocupa y mucho, porque es aquí donde vivo, donde trabajo y donde,  salvo catástrofe impensable, seguiré el resto de mis días. Por ello, he leído con satisfacción un interesantísimo artículo del eurodiputado francés Sami Naïr, colaborador habitual de diarios españoles y que suele acertar, en mi opinión, en los análisis que hace sobre las cuestiones como la que ahora nos afecta.

El artículo en cuestión está dedicado a la celebrada ampliación de la UE y, tras su lectura, he podido constatar algunos hechos que me parecen evidentes. Ahora bien, también tengo la esperanza de que, si la opinión de Naïr se extiende y tomamos las riendas de la cuestión europea, es posible que no todo esté irremediablemente perdido.

En primer lugar, he confirmado algo que ya había apreciado en otras ocasiones; la distancia que separa en términos generales al socialismo francés del español. Los socialistas franceses están bastante más a la izquierda que los españoles y no tienen complejo en demostrarlo. Mientras que en España, el socialismo oficial, se muestra encantado con la UE y con la ampliación, sus correligionarios del otro lado de los Pirineos cuestionan la forma de construir Europa.

Sami Naïr no es un cualquiera. Se trata de uno de los más ilustres representantes del socialismo galo y su autoridad intelectual no la discute nadie. Por tanto, su opinión es, en gran medida, la opinión del PSF.

Aborda Naïr una cuestión que a mí me parece esencial: la independencia absoluta del Banco Central Europeo (BCE),  que constituye una auténtica aberración democrática. Como señala con acierto el eurodiputado francés no existe caso semejante en otra parte del mundo, ni siquiera en los Estados Unidos, ya que, allí, su equivalente, que es la Reserva Federal, está controlada por el Congreso, es decir por los representantes de los ciudadanos. Que el control sea efectivo o no es otra cuestión, pero la posibilidad de controlar existe, mientras que en Europa no.

Y, ¿qué consecuencias tiene esto? Pues muy  importantes. Al ser el BCE una entidad incontrolada, puede establecer la política económica que le parezca conveniente según su criterio, sin atender para nada a otros principios, de lo cual resulta que en la mayor parte de las ocasiones la política económica va por un lado y la social  -por ejemplo- por otro.

Así, como el todopoderoso BCE, tiene como nuevo dogma de fe la fortaleza del sacrosanto euro,  y sigo el argumento de Sami Naïr, pues resulta que mantiene una política de intereses que perjudica las exportaciones de Europa, con lo cual se produce un efecto negativo sobre el empleo. Pero claro, nada se puede cambiar porque no hay control parlamentario sobre el BCE. ¿Cómo es posible que la política económica de 400 millones de personas escape al control parlamentario?

Los Gobiernos de los 15, ahora 25, tienen que callar y aceptar como buenas sus directrices, sean estas perjudiciales o no para sus economías. Quizá por esto algunos países no quieren entrar en el sistema del euro. Casualmente Gran Bretaña la primera.

En definitiva, resulta que una entidad sin control democrático, cuyos responsables se nombran al margen de los cauces parlamentarios, se impone sobre la voluntad de los gobiernos que, en definitiva, son el resultado de las voluntades los ciudadanos de los respectivos países. ¡Muy bonito!

Pero hay más. España saldrá especialmente perjudicada con la ampliación y algunas regiones de forma calamitosa. Al entrar países cuyas economías están todavía en subdesarrollo, resulta que zonas como Andalucía y Murcia pasan a ser ricas por arte de magia, de la noche a la mañana,  y nunca mejor dicho, de lo que se deduce que ya no necesitan ayudas.

Ya veremos qué pasa con nuestros entusiastas socialistas cuando las ayudas de los fondos de cohesión no lleguen a sus destinatarios españoles porque se vayan a los agricultores de los países recién incorporados. Ya veremos qué pasa cuando las fábricas instaladas en España empiecen, como ya está sucediendo, a emigrar a Eslovaquia o Polonia, por ejemplo, donde un salario de 500 euros al mes es considerado muy bueno. Ya veremos que pasa cuando empiecen a llegar productos de esos países (carne, coches, verduras, televisores, ordenadores, alimentos congelados etc.) a precio inferior a los que se producen aquí. Veremos si la economía española sigue creciendo tanto. Entonces veremos si el entusiasmo de la ciudadanía está también para lanzar fuegos artificiales.

La consecuencia de todo es también muy preocupante. Habrá una recesión, se perderá empleo y, lógicamente no será posible mantener el pacto de estabilidad, salvo que se asfixie la economía de los ciudadanos o se reduzcan las ayudas sociales. Así que, una de dos, o no se cumple con el pacto de estabilidad presupuestaria o nos salimos del euro, para solarnos las cadenas del BCE. Algunos en Alemania, por ejemplo, ya se lo están pensando.

Quizá se pregunten a quién beneficia entonces la famosa ampliación. Pues esta también muy claro: a las multinacionales y a los bancos. Es decir, a los de siempre. Estos sí van a encontrar nuevos mercados donde colocar sus productos y donde hacer buenos negocios.

Ya están frotándose las manos pensando que ahora van a tener mucho más fácil liquidar definitivamente los logros de la Europa social, que representan Francia y Alemania. Esa Europa social que, liderada por Margaret Thatcher y con la ayuda de algún socialista español  no interesó construir, ni proteger. Ese modelo económico que es un mal calco de los Estados Unidos. Ahora, que hay que alinearse por lo bajo, todos a callar y a aplaudir.

Pero, desgraciadamente hay más. Señala el eurodiputado socialista que entre los programas económicos de la derecha y de la izquierda los ciudadanos no aprecian diferencias. Exacto, sencillamente porque no las hay. Es más de lo mismo, con ligeros matices. Se podría decir (según de donde se mire) que la derecha es la cara antipática y la izquierda la cara simpática, pero de la misma moneda. Por eso los ciudadanos, mantiene Naïr, votan indistintamente a unos y a otros. Vuelve a acertar.

Esto que afirma es tan cierto que si no, no es posible comprender el entusiástico apoyo que el PSOE le ha dado a Rodrigo Rato para que sea director gerente del Fondo Monetario Internacional, que como todos sabemos es el que machaca con su recetas económicas a los países del “Sur”.

O sea, que durante años nos han estado contando los socialistas que la política del PP es injusta, que provoca desigualdad, carestía, injusticia fiscal, aumento de la precariedad laboral, etc., etc. y ahora apoyan al máximo responsable de tanta barbaridad para mandar en el FMI. La verdad es que, sólo desde un chovinismo patriotero de la peor especie, se puede entender semejante cosa. O simplemente, es que están de acuerdo con su política, que es lo más probable. Y lo vamos a saber muy pronto.

En la historia reciente del socialismo español los ministros de economía han sido siempre del sector más derechista posible. Recordemos: Miguel Boyer, Carlos Solchaga... Ellos fueron los responsables de la reconversión industrial y del aumento vertiginoso del paro. Tampoco fueron capaces de controlar la inflación y tuvieron que hacer frente cuatro huelgas generales. Ahora llega Pedro Solbes, precisamente un hombre de Bruselas. Pronostico próximos conflictos con los sindicatos.

Podríamos pensar que la ampliación servirá, al menos, para mejorar la unidad política de Europa y configurar un bloque compacto que sea capaz de ofrecer alternativas a los EE.UU. Y nótese bien que digo ofrecer alternativas a los Estados Unidos porque es impensable enfrentarse a ellos con alguna posibilidad de éxito, mientras existan personajes como Tony Blair, Silvio Berlusconi y José María Aznar. Estos fueron los tres máximos responsables de que la Unión Europea no pudiera hacer una política común en el tema de Iraq y ya estamos viendo las consecuencias, sobre todo para los iraquíes.

Ahora, con la ampliación, entran diez países más que cuentan con gobiernos absolutamente ultraliberales y, estos, en manos del impresentable farsante Blair, serán más caballos de Troya de los Estados Unidos. Así pues más sumisión a los EE.UU. más política antisocial y cada vez más lejos de una Europa verdaderamente independiente.

Y lo triste es que serán otros, además de los propios europeos, los que pagarán las consecuencias de todo esto. Nadie espere que en el futuro se va a respetar la legalidad internacional si no es con una Europa fuerte y con una política exterior común, nadie espere que se van a afrontar los problemas de miseria del Sur con afán de solucionarlos con seriedad. Nadie espere que en la propia Unión Europea se mejorará en justicia social. Nadie crea en esta Europa y si en la de Sami Naïr.
 

Doña Zoila

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