| La Camilla de Doña Zoila |
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:[volver al índice de artículos de Doña Zoila]Joan d'Arc i Le Pen (Juana de Arco y Le Pen)
Leído en El Punt (2-6-04)
Escrito por Miriam Díez i BoschMe ha gustado el artículo publicado en El Punt, de la periodista Miriam Díez i Bosch sobre Juana de Arco y Jean Marie Le Pen porque creo que pone el dedo en la llega de algunas cuestiones que empiezan a ser o, posiblemente ya son, motivo de seria reflexión para todos nosotros: la utilización y abuso de los símbolos de todos por parte de unos pocos y sus nefastas consecuencias.
Cuenta la periodista catalana que el líder fascista francés rindió un sentido homenaje a la patrona de Francia con toda la parafernalia que suele acompañar estos actos. Algo así como el entusiasmo patriótico del ministro de defensa “ejpañol”, José Bono, en el día de las Fuerzas Armadas. La apropiación indebida de los símbolos y representaciones no es patrimonio exclusivo de la derecha cavernaria.
En efecto, parece que en las Tullerias parisienses sonó la Marsellesa, hubo ofrendas florales, momentos de emoción y sobre todo mucho fervor y entusiasmo patrio. En definitiva, con todos estos actos y demostraciones, Jean Marie Le Pen lo que pretende es apropiarse de un símbolo, que, con mayor o menor convicción, pertenece a la mayor parte de los franceses.
A la larga, o más bien a la corta, lo más probable es que muchos ciudadanos galos se sientan ofendidos por esa burda manipulación y acaben por alejarse no de Jean Marie Le Pen, porque afortunadamente ya los están en gran medida, sino de Juana de Arco. Y otros muchos acabarán por pensar que la santa fue un personaje pre-fascista.
No es la primera vez que esto ocurre, ni es el caso francés el más reciente. Utilizaciones a lo largo de la historia las hay para rellanar miles de páginas y los sentimientos patrióticos están en primera línea. Mucha gente no oye a Wagner por su utilización por los nazis y en España le pasó lo mismo a algunas manifestaciones folklóricas por la descarada utilización que se hizo de ellas.
En su artículo Miriam Díez señala que Le Pen y su Frente Nacional tratan de utilizar la figura mitológica de la santa en beneficio propio en vísperas electorales, de forma que todo aquello que se opone a los valores que ellos unilateralmente asignan a Juana de Arco es anti francés y, por extensión, los que no comulgan con la visión de la Francia de Le Pen no son buenos franceses. ¿No les recuerda a algo? A mí sí.
Soy lo suficientemente mayor para recordar la utilización siniestra que hizo la dictadura franquista de la imagen de España a través de algunos símbolos: el flamenco, el Real Madrid, el destino imperial católico, la colonización de Latinoamérica, la posición estratégica de la península, el sol, el turismo y un largo etcétera. Cierto es que algunos se dejaron utilizar en beneficio propio y sin la más mínima mala conciencia.
De esta forma, por ejemplo, cantantes mediocres tuvieron cuotas de pantalla impensables en la televisión única, si se hubiera aplicado un criterio de calidad. Aún recuerdo a un cierto intérprete que inclinaba servilmente la cerviz delante de doña Carmen Polo en el teatro Calderón madrileño en la gala de Navidad, o a esos otros que le brindaban el correspondiente toro a su excelencia para recibir después devuelta la montera con el regalito de turno.
Se podrá argumentar que había que vivir, lo que es cierto, pero también lo es que hay dos formas de vivir: con dignidad o sin ella. En esos mismos años muchos españoles y españolas sobrevivimos con dignidad y sin ser utilizados por la dictadura. Nos limitamos a trabajar con honradez para ganar unas miserables pesetas cada mes. Quizá se nos pueda reprochar que no fuimos especialmente beligerantes contra ella pero jamás se nos podrá decir que colaboramos de forma entusiasta.
Lo triste es que quienes se dejaron utilizar y fueron símbolos de la dictadura perjudicaron a otros muchos que se mantuvieron al margen, con lo cual muchos pensaron que Andalucía, por ejemplo, a base de la sinistra utilización por parte del régimen de los toros y el flamenco fue privilegiada, cuando en realidad no hubo tal.
La cuestión es que, quien no estaba de acuerdo con esa visión de España sencillamente no era español, ni bueno ni malo, simplemente no era. Las consecuencias de esa actitud, de esa utilización de los símbolos, todavía la estamos pagando. Lo verdaderamente terrible es que una gran cantidad de ciudadanos de distintas ideologías fuimos literalmente expulsados de nuestro propio país por no compartir una cierta visión del mismo. Nos metieron a todos en el mismo saco.
En principio no tengo inconveniente en que cada cual tenga su imagen, su percepción o su idea de cómo debe ser el espacio que compartimos. Es decir, si alguien cree que España debe ser un estado centralizado, nacional católico, en el que todo se decida en Madrid, en que el idioma debe ser únicamente el castellano y en el que todos los demás debemos simplemente ser “peculiares”, y que esa peculiaridad se limite a poder bailar una jota, cantar una saeta o cortar troncos lo más rápido posible, pues no tengo nada que objetar.
Desde luego no comparto en absoluto esa visión, pero comprendo que algunos crean que es la mejor. Lo que no admito es que me la impongan por la fuerza y que expulsen de la sociedad a todo aquel que tenga otra visión de las cosas.
Pero esta actitud exclusivista y excluyente, que es inherente a las dictaduras, también se da en personas, partidos e instituciones que se suponen democráticas y eso sí que es mucho más preocupante.
Digo esto porque veo con preocupación como ciertos personajes se atribuyen en exclusiva la representatividad de lo español, lo vasco o lo catalán, por poner tres ejemplos significativos por su resonancia.
Durante los últimos años hemos asistido, con una indiferencia preocupante a la utilización de los símbolos en beneficio exclusivo de una minoría. Aznar, por ejemplo, ha vuelto a expulsar a muchos españoles de su propio país, pero lo mismo han hecho Jordi Pujol y el Partido Nacionalista Vasco y con resultados que son trágicos. La ikurriña no es patrimonio del PNV, ni la senyera de CiU.
Me pregunto cómo se puede alguien atribuir en exclusividad los valores de toda una nación. La verdad es que no lo entiendo y aún menos que esa actitud no tenga la respuesta conveniente. ¿Quién dice que es lo verdaderamente catalán, vasco o español? ¿los políticos de turno?
Creo que ya va siendo hora de que dejemos de utilizar esa táctica excluyente sobre que es lo bueno y patriótico y nos pongamos a pensar con seriedad en que tipo de convivencia queremos construir, si es que verdaderamente queremos construir alguna, que quizá es la primera pregunta que nos tendríamos que hacer.
Me pregunto qué pensarán quienes nos vean desde fuera discutir sobre si las comunidades autónomas tienen o no derecho a participar con sus respectivos equipos en competiciones deportivas para algún día poder enfrentarse a España. ¡Qué estupidez!
Está claro que las comunidades autónomas pueden tener ese derecho, de la misma forma que Irlanda, Gales o Escocia tienen federaciones de fútbol propias, aunque no creo que su principal objetivo sea enfrentarse a Inglaterra. Este enfrentamiento deportivo no es el problema fundamental de nuestra convivencia, es puramente anecdótico. Pero cuando se eleva la anécdota a la categoría de problema de estado, es que algo no marcha.
No sé qué pensarán nuestros aliados europeos cuando vean que no somos capaces de ponernos de acuerdo sobre que tipo de país queremos y que seguimos discutiendo por las banderas que hay que colocar o no en los balcones de los ayuntamientos, que no somos capaces de cerrar un pacto sobre la enseñanza, que aún no hemos cerrado las transferencias autonómicas, después de ¡veinticinco! años. Se dice pronto.
Y esto no significa en absoluto aceptar la idea de una España grande, libre, centralizada, excluyente y monárquica. Libre, desde luego, pero es posible que deba ser federal, integradora, tolerante y republicana. Cada cual tendrá su opinión.
Pero, en todo caso, si creo que tenemos urgente necesidad de pensar con seriedad en la forma de encontrar nuestra propia vía de convivencia. Es posible que la solución sea compleja y lleve años conseguirla pero no estará en la utilización de los símbolos sino en el trabajo.
Y ahora, quienes no son capaces de organizar su casa con un mínimo de orden y concierto, vienen a pedirnos el voto para que les demos nuestra confianza para construir un modelo de sociedad nada menos que en toda Europa. Pero, ¿cómo es posible semejante desfachatez?
Me lo estoy pensando seriamente y es posible que en un arranque de lucidez me quede el día 13 en mi casa, sin que nadie me lo pida, aunque después me atenga a las consecuencias.
Doña Zoila
| RESPONSABILIDADES: En esta web no existe ningún tipo de copia literal por parte de Anika, o que no pertenezca a las propias fichas personales de libros de leídos de la webmaster. Anika es creadora y dueña única de los argumentos y opiniones de "Anika Entre Libros" firmados por ella, y por ello decide hacer públicos sus propios textos. Si alguien quiere utilizar cualquier parte de esta web póngase en contacto conmigo. Del resto de la web, críticas y opiniones, se responsabilizan sus autores, así como de las opiniones vertidas por sus colaboradores y articulistas. |
| Diseño web (webmaster) ANIKA | Patrocinador UTOPIASOFT.NET |