| La Camilla de Doña Zoila |
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:[volver al índice de artículos de Doña Zoila]El envenenado regalo de la manipulación del CIS
Leído en El Mundo
Escrito por EditorialCiertamente algunas personas no se percatan de que están mucho mejor en silencio. No se dan cuenta de que, cuando hablan, meten la pata de forma irremediable y de que, sólo cuando tienen un guión delante, y aún es ese caso con bastantes reservas, corren menores riesgos de hacer el más sonoro de los ridículos. No es este, sin embargo el motivo de mi artículo. En todo caso, más adelante si tienen la suficiente paciencia para seguir leyendo, podrán saber a quién me refiero y por qué motivo. Ahora voy a lo que interesa.
El caso es que la semana pasada se dieron a conocer los resultados de una encuesta del denostado Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la opinión que los españoles tenemos sobre la monarquía. La forma en que se ha efectuado la encuesta no ha gustado el editorialista del diario que tomo como referencia, que considera la publicación de esos datos, como un regalo envenenado para el monarca en el día de su onomástica.
Dice el artículo que el director del CIS, Fernando Vallespín, aprovechó tan lustroso día para dar a conocer una encuesta que demuestra la división que hay entre los españoles con respecto a esta institución. Me alegro de que exista tal división y me complace saber que el 55 por ciento de los españoles consideren que la monarquía es una antigualla. Creo sinceramente que es una excelente noticia. Con un poco de suerte esta cifra aumentará en el futuro y es posible que algún día seamos la gran mayoría los que pensemos así, de forma que, dentro del más puro estilo cívico y democrático, se pueda al menos soñar con la posibilidad de la reinstauración republicana.
Se queja el editorial de que la fecha es poco propicia, pues supone que se disgustará el monarca al saber que más del 50 por ciento de la ciudadanía no se interesó, en diversos grados, por la macro boda del presumible heredero y lo achaca al republicanismo o falta de oportunidad del señor Vallespín. No sabía yo que era obligado evitar disgustos al monarca el día de su santo, y en la Constitución, no recuerdo que esté escrito ese precepto.
Ignoro la conciencia republicana de Fernando Vallespín, pero si la tiene, bienvenida sea. Y en cuanto al sentido de la oportunidad, ¿cuándo considera El Mundo que es lícito publicar unos datos sobre la caduca institución? ¿Considera el diario madrileño que el Jefe del Estado se va a sentir menos molesto si se dan a conocer las opiniones de los españoles el 18 de julio, fecha que le debe ser especialmente grata, pues gracias a ella fue designado para ocupar el puesto que ocupa?
Sospecho que el monarca designado no tiene que sentir el más mínimo disgusto o preocupación por su futuro y el de su cada vez más numerosa familia, porque el 55 por ciento de los ciudadanos consideren que la institución es algo del pasado, ya que, sabe perfectamente que, esos mismos ciudadanos, no pueden por ahora, pronunciarse con libertad a favor del cambio de régimen.
Añade el articulo editorial que las preguntas están manipuladas y no son lógicas. Estoy de acuerdo. En efecto, a qué viene preguntar si se considera la monarquía como una institución de origen divino. Hubiera sido mucho más consecuente preguntar, por ejemplo, si se considera justo que la jefatura del Estado pase por sucesión de padres a hijos o bien si se cree que el monarca debe beneficiarse, haga lo que haga, del privilegio de la impunidad legal. Esas cuestiones tienen fácil contestación, en un sentido o en otro, son claras y directas y, ciertamente, como bien señala el editorial no suponen tener que identificarse con lo que se supone que dice la gente sobre la monarquía.
Claro que para más claridad y seguridad, también se podría haber preguntado sí se considera necesario consultar a los ciudadanos sobre el derecho a pronunciarse sobre la forma de régimen, o si creen que se ha hurtado durante más de 25 años ese derecho. También son preguntas absolutamente claras y nada manipuladoras. Se contesta si o no y ya está.
A pesar de mis reticencias debo reconocer, y así lo hago en justicia, que algunas de las quejas del editorial son más que justificadas. La verdad es que las preguntas están efectuadas de forma necia y grosera. En lo que ya no coincido es en que estén hechas desde una perspectiva contra la institución. Más bien al contrario.
Creo que es una exageración decir que se plantea con “frialdad y distancia” la pregunta de que si la monarquía asegura el orden y la estabilidad. ¿Desde cuando la monarquía garantiza esos aspectos? Se supone que el monarca no ejerce funciones de gobierno de modo que, difícilmente, puede garantizar algo que está fuera de sus competencias. La estabilidad y el orden las deben garantizar los gobiernos a través de los mecanismos constitucionales que tienen para ello. El monarca es, constitucionalmente, una mera figura decorativa que, por cierto, nos sale muy cara.
Propone el editorialista que se hubieran preguntado cosas que hubieran dado como resultado respuestas más halagüeñas (sic) para la institución, como por ejemplo que “representa a los españoles”. Es decir, preguntas predeterminadas para tener respuestas positivas. ¿No es esto tan manipulador como de lo que con acierto se queja?
Tenga la seguridad el autor del artículo de que, en mi caso concreto, sólo me representan aquellos a quienes yo libremente y en el ejercicio de mis derechos como persona, puedo elegir en sana concurrencia de méritos. Evidentemente no es este el caso del monarca, ya que, por definición, no es electivo.
Los mismos argumentos sirven sobre la cuestión de si el actual Jefe del Estado ha contribuido a consolidar la democracia. Personalmente discrepo de ese aserto que considero una de las habituales alabanzas de rigor. Con el actual Jefe del Estado o con otro, España, no tenía más camino que subirse al carro de las democracias occidentales y eso lo sabían muy bien los que verdaderamente ostentan el poder. En el mejor de los casos podríamos admitir que, a cambio de no cuestionar la legitimidad de la monarquía de los vencedores del golpe de Estado del 18 de julio de1936 y la sangrienta guerra que provocó, ésta no ha sido un obstáculo para el desarrollo de la democracia. De ahí a deducir que el actual Jefe del Estado ha propiciado la democracia hay un abismo.
Afirma que no hay peligro de avance significativo de las ideas republicanas. Bien, ¿entonces por qué tanto disgusto sobre la publicación de la encuesta? ¿Por qué considera el editorialista que la existencia o aumento de ideas republicanas son alarmantes? ¿Cree que esas ideas son antidemocráticas o, sencillamente, se sube al carro de los aduladores?
Y acaba el editorial señalando algo que es triste. Dice que el futuro de la monarquía dependerá de cómo se comporten los reyes. Ese es precisamente el gran desastre porque la institución monárquica, por ser esencialmente antidemocrática, impide que los ciudadanos podamos cambiar libremente a su cabeza visible, de forma que, en vez de ciudadanos libres, pasamos a ser súbditos. Hay que aguantar con lo que nos toque, malo o bueno.
Y acabo yo para volver al inicio sobre la virtud del silencio. Es curioso que el presumible heredero de la jefatura del Estado, diga que un viaje de “luna de miel” de un mes le ha parecido corto, cuando una o dos páginas más adelante se lee que el 55 por ciento de los españoles acabamos el mes con bastantes dificultades, algo verdaderamente digno de preocupación para cualquiera con un mínimo de sensibilidad.
Por si sirve de algo, habría que recordar al recién casado, que el común de los españoles cuando nos casamos tenemos sólo 15 días de permiso y que el viaje, si es que nuestros recursos nos le permiten, nos lo pagamos de nuestro bolsillo. Y si optamos por otra vía, como las denominadas “parejas de hecho”, ni siquiera tenemos ese derecho. Así que, cuando otros te pagan la boda, el convite y el viaje y la casa en la que vas a vivir, es mejor no hacer ese tipo de comentarios. Lo que digo hay algunos que estarían mejor callados.
Doña Zoila
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