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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

Un muro que supera al que cayó en Berlín
Leído en El Periódico de Catalunya (13-07-2004)
Escrito por Josep Pernau

Cuando estas líneas salgan a la luz, es más que probable que el primer ministro de Israel Ariel Sharon, y el líder del primer partido de la oposición, el socialista Simón Peres hayan alcanzado un acuerdo para formalizar un acuerdo para formar un gobierno de unidad nacional. Esto, en principio, tendría que ser una buena noticia por varios motivos: por un lado el partido de Peres, el Laborista, podría hacer de contrapeso al extremismo intolerante y bárbaro del Likud. Por otro, dada la gravedad de la situación en Israel, un gobierno de coalición es, en estos casos, la mejor solución, ya que, se anteponen los intereses generales a los de los partidos.

Sólo en esas condiciones se puede entender que un partido, pretendidamente socialista, pueda cogobernar con una formación de extrema derecha y, aún en ese caso, es difícil de entender. Tendría que ser un gobierno cuyo mayor esfuerzo, casi exclusivo esfuerzo, se encaminara a alcanzar una paz duradera con los palestinos que,  por su parte, tendrán que hacer también un esfuerzo significativo y serio que,  hasta ahora, no se ha visto.

Pero no nos engañemos nada de esto va a suceder. Ya han existido precedentes de colaboración entre ambos partidos y el resultado ha sido calamitoso. Al final siempre se ha roto la coalición y se han debilitado las posiciones de los socialistas para dar más fuerza a los intolerantes. Da más la impresión de que Sharon, abandonado por algunos de sus socios anteriores busca a hora el apoyo de los laboristas para mantenerse en el poder y evitar tener que convocar elecciones. Lo lamentable es que Peres se preste a este juego.

Parece, una vez más, que el socialismo israelí no sabe encontrar la fórmula que pueda resolver terrible contencioso que enfrenta a su país con los palestinos y, en este asunto, sigue la misma línea equivocada de la extrema derecha y los partidos religiosos. Por eso los palestinos partidarios de la paz no pueden esperar nada bueno de ese acuerdo. Y el primer ejemplo no se ha hecho esperar.

Ya antes de alcanzar el pacto de gobierno, Peres ha manifestado claramente que está de acuerdo con la construcción del muro que aísla a los palestinos y que ha sido condenado por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya que, además, ha ordenado demolerlo. Sin embargo, está claro que el gobierno de Israel, sea el que sea, que cuenta además con la bendición de los Estados Unidos, no cumplirá esta resolución, que no es vinculante, como viene haciendo sistemáticamente con todas las que le han condenado anteriormente, que han sido muchas.

En la política muchas veces cuentan los gestos,  las señales, y en este caso, desgraciadamente, Peres no ha estado a la altura de lo que las circunstancias exigen.

Tiene razón Josep Pernau cuando señala que la construcción de ese muro supera en vergüenza al de Berlín y no sólo por la longitud de cada uno de ellos, ya que a los155 kilómetros del alemán se enfrentan los  750 del palestino, sino por las circunstancias en que se ha construido.

El muro de Berlín fue levantado por una dictadura, en los inicios de la guerra fría y, evidentemente sin justificación posible; el de Israel es construido por un país teóricamente democrático y para aislar a todo un pueblo con el pretexto de que se evitarán así buena parte de las acciones violentas de los palestinos. Se hace contra la opinión de prestigiosos juristas internacionales y bajo el pretexto del derecho de Israel a la propia defensa, derecho que por cierto nadie niega pero que no se puede sustentar en actos criminales.

Es esta, una más de las mentiras de Ariel Sharon de las que, desgraciadamente, va a ser ahora cómplice el socialismo hebreo. Sharon ha basado siempre su campaña política en el empleo de la mano dura contra los que él considera terroristas palestinos. ¿Ha conseguido algo? ¿Es hoy Tel Aviv –por ejemplo- una ciudad más segura? No, absolutamente no, más bien al contrario.

Es evidente que las acciones violentas de los comandos palestinos tienen un resultado terrible de muerte y desolación y debemos condenarlos, y las condenamos, con toda la contundencia posible. Pero eso no justifica, en absoluto, que se emplee toda la fuerza de uno de los ejércitos más eficaces del planeta para asesinar selectivamente, para arrasar viviendas, para invadir pueblos, para masacrar ciudadanos y para construir muros.

No diferenciar entre los actos de los palestinos y los del gobierno de Israel no ayuda para nada a conseguir la convivencia entre esos dos pueblos. Como dice Pernau, es muy loable que un palestino y un hebreo se saluden y abracen en el Forum barcelonés, pero la construcción de ese muro tiene más peso que el abrazo de un millón de judíos y palestinos.

Y, siguiendo al periodista catalán, parece que a veces se escenifican abrazos y ceremonias esperanzadoras para la paz por una especie de “actores profesionales” que emocionan a un publico amante de los gestos. Pero desgraciadamente la verdad en sus respectivos países es muy otra. La situación en esa zona del planeta es ignominiosa y a la hora de repartir culpas los países occidentales, que ahora permanecen inmovilizados, tienen muchas y en efecto parece que sólo se hacen políticas de gestos de cara a la galería electoral de cada momento. Me gustaría que Pernau, y yo con él, nos equivocáramos.

Israel no puede continuar con a política de eliminación del palestino. Eso tiene un nombre y se llama genocidio. Los palestinos y con ellos, la totalidad de los países árabes,  tienen que reconocer el derecho de los hebreos a tener su propio estado, con unas fronteras seguras y libres, en la medida que hoy días eso es posible, de acciones violentas.

Los ciudadanos de Tel Aviv y de las restantes ciudades de Israel no pueden estar permanentemente expuestos a perecer en un autobús, en un restaurante o en una sinagoga; eso se tiene que acabar y son los palestinos los que primero tienen que comprender que la violencia  no se puede utilizar como arma bajo ningún concepto. Deben comprender que eso, en el mundo de hoy, les debilita enormemente ante la mayor parte de los ciudadanos y los gobernantes de los países que pueden tener cierta capacidad de influencia ante el gobierno judío. Tiene que imponerse alguna vez el sentido común.

No se puede estar apelando continuamente a lo que ocurrió en 1948, o en 1967, o a otras fechas de infausto recuerdo. Palestinos e Israelíes tienen la obligación de iniciar de inmediato negociaciones serias, auspiciadas por quien consideren ellos mejores garantes de sus derechos, para pactar una convivencia, ahora de mínimos y, después, de plena normalidad.

Precisamente por eso, la entrada del Partido Laborista y su apoyo al Likud en el tema del muro es especialmente grave, ya que cierra una posible vía de solución al problema.

Los socialistas tendrían que ser la fuerza dinamizadora de un proceso de paz, ya que por ideología están más cerca de las posiciones palestinas que las de Sharon. No se trata de que Peres se rinda ante Hamás, sino de que venza a Hamás con argumentos políticos contundentes y acompañados de gestos amistosos hacia la Autoridad Nacional Palestina. Contará además con el inestimable apoyo de la Internacional Socialista.
 
¿Nadie se da cuanta en Israel de que por la vía de la represión jamás se alcanzará nada? ¿Es que nadie quiere hacer el esfuerzo de recordar cuántos años llevamos ya con este problema enquistado? ¿Pero de verdad creen Sharon y Peres que el muro va a impedir la violencia? Y lo que es peor, ¿se lo creen los ciudadanos israelíes?
 

Doña Zoila

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