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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

De la radio basura
Leído en El Siglo (Nº 629)
Escrito por Luis G. Del Cañuelo

Uno de los inconvenientes, y no menor, de la tan cacareada y manoseada libertad de expresión es que, su mal uso, permite a muchos tipejos decir todo lo que se les ocurre sin que por sus excesos les suceda nada. Son pocas las veces en las que hay algún condenado por un tribunal por decir o escribir algo incierto contra alguien. La mentira y la impunidad salen gratis. La sensación de indefensión es cada vez mayor.
 
Generalmente los afectados o no denuncian a los transgresores porque saben que tienen pocas posibilidades de éxito, frente a la maquinaria implacable de los poderosos y protegidos medios, o porque no quieren remover la basura. Y, evidentemente, no me refiero a los casos de las denuncias que están avaladas por pruebas contundentes, sino a las “opiniones” vertidas por esa subespecie que llaman tertulianos y que pretenden ser creadores de opinión.

Este es el caso de Federico Jiménez Losantos, uno de los más abyectos personajes de esa subespecie que, gracias a la libertad de expresión puede insultar, calumniar, injuriar y cometer toda clase de tropelías desde la emisora de la Conferencia Episcopal (COPE) y desde su columna diaria en el diario “El Mundo” cuyo director es nada menos que Pedro J. Ramírez, otro conspicuo defensor de la verdad y personaje verdaderamente objetivo.

Este paladín de la democracia y de la libertad (Jiménez) procedente ideológicamente de la izquierda marxista y,  por tanto, con la fe y la ferocidad de los conversos, se ha permitido el lujo de llamar a Pilar Manjón, la portavoz de algunos de los Afectados del 11-M, una manipuladora de extrema izquierda. Precisamente él, que es el campeón de la manipulación y la tergiversación,  el máximo representante de la radio basura.

Este individuo que, como dice el articulista de la revista “El Siglo” pretende hacerse pasar por un “pobre perseguido y un mártir” por causa de la libertad de expresión, es uno de los muchos representantes no ya de la radio basura, sino de la prensa basura sobre la que no hay nadie que logre poner coto.

Para él,  todo lo que no sea inclinar la cerviz aduladora ante José María Aznar es poco menos que terrorismo puro y duro. Por eso llama a Pilar Manjón manipuladora de extrema izquierda. Por eso hubiera preferido, en defensa de la libertad de expresión, que esa mujer, que quiera o no Jiménez ha perdido un hijo de 20 años en el atentado de Madrid, hubiera declarado a puerta cerrada, o mejor aún que no hubiera declarado. Parece que sólo pueden hablar las víctimas que le convienen al PP.

Hubiera sido mucho mejor llevar a un afectado que, en nombre de la libertad de expresión, hubiera dicho que, efectivamente, el brutal atentado lo cometió ETA, tanto si es verdad como si no.

En el fondo creo que a estas alturas eso no tiene ya la más mínima importancia para los 192 muertos, los más de 2.000 heridos y sus amigos y familiares y para los 250.000 madrileños que sufrieron depresión. La muerte en un atentado es igual de ignominiosa la provoque quien la provoque y pese a quien pese. Pero claro para el repugnante Jiménez los muertos deben tener una rentabilidad electoral.  En nombre de la libertad de expresión lo interesante no es saber la verdad, sino imponer una verdad que convenga.

En defensa de la libertad de expresión es mejor silenciar a quien discrepa del Partido Popular y, si no se le puede callar,  entonces, se le desprestigia a través de la cadena de la Conferencia Episcopal Española, de forma que el estigma se hace también en nombre de Dios, porque es evidente que los pobrecitos obispos también tienen que defenderse de tanta persecución como sufren por defender la libertad de enseñanza de la religión católica,  apostólica y vaticana.

Pero, tal y como señala el articulista en “El Siglo”,  la actitud de la COPE no es de ahora, quizá como consecuencia de la actitud nauseabunda de Jiménez. No, viene de lejos. Hace décadas que es montaraz, con una demagogia diaria, que muy poco tiene que ver con la caridad cristiana y sí con aquella iglesia de la Cruzada.

En efecto, cualquiera que se moleste en escuchar esa emisora, salvo que esté cegado por la pasión más arrebatadora, se dará perfecta cuenta de la demagogia repelente que rezuman los planteamientos, por llamarlos de alguna forma, que defiende esa santa católica emisora. Ya ocurría esto en tiempos del inefable Antonio Herrero, aquel periodista que murió ahogado por su propio vómito.

En fin, todo esto es lamentable y, aunque lo de la COPE y Jiménez está en el límite de lo delictivo, los demás tampoco son unos ángeles.

¿Se han fijado los seguidores de esta web que, la prensa, en general, salvo las excepciones de rigor (muy escasas), no se ha dado por enterada de las denuncias de Pilar Manjón y ha preferido desviar toda la responsabilidad hacia los profesionales de la política? Es una curiosa coincidencia mediática. Nada de autocrítica, no vaya a ser que sea peligroso.

Porque las denuncias de Pilar Manjón, no sólo afectan a los diputados de la esperpéntica Comisión de Investigación. También van dirigidas a aquellos que pudieron y debieron haber denunciado la desviación que se estaba produciendo en el camino que llevaba al esclarecimiento de los hechos y no hicieron la más mínima advertencia sobre ello y, muy al contrario, apoyaron de forma entusiasta a quienes precisamente, con su actitud, eran los protagonistas de esa desviación.

Participaron, cada uno desde su trinchera servil, en esa pelea estúpida por saber si el atentado supuso un vuelco electoral o sobre quien convocó las movilizaciones ante las sedes del PP en la jornada de reflexión. ¿Era eso lo que había que investigar? La respuesta es una y evidente: no. Como igualmente evidente es que a nadie le interesaba denunciar que eran los acontecimientos anteriores a ese horrible día lo que había que esclarecer para pedir las correspondientes responsabilidades.

Creo que la libertad de expresión no debe tener más límites que aquellos que establecen las leyes y, por tanto, cada ciudadano debe tener el derecho de expresar públicamente sus ideas, aunque también debe asumir las consecuencias de lo que dice o escribe, cuando esto es de forma pública.  Lo que resulta lamentable es que los poderes públicos hayan hecho tal dejación de su función como garantes de los derechos de la ciudadanía en general que hay una indefensión ante las injurias y las barbaridades de todo tipo que se escriben o se airean en los medios de comunicación.

Está bien la idea de acabar con la Tele basura, pero esa iniciativa tendría que extenderse a todo lo que no es ejercicio sensato de la libertad de expresión, sino simplemente basura, insulto, descalificación y demagogia.
 

Doña Zoila

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