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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

Drets fonamentals (Derechos fundamentales)
Leído en El Punt (junio-2005)
Escrito por Josep Maria Loste

Me ha llamado la atención un breve artículo de Josep Maria Loste escrito en el diario catalán “El Punt” por lo que, como acertadamente apunta, de trascendente tiene para muchos ciudadanos el mantenimiento en condiciones lo más óptimas posibles del servicio público de transporte por ferrocarril. Y más cuando hace muy pocos días un sindicato con cierta presencia en RENFE ha denunciado la pérdida continua de servicios, rentables incluidos,  que se está produciendo en la compañía.

Tras leer el artículo en cuestión he sacado la impresión de que Loste, a pesar de que acierta en su crítica en líneas generales, se queda un poco en lo superficial, no profundiza en la verdadera raíz del problema y cree que todo queda reducido a un desinterés por parte del Ministerio de Fomento, y la propia RENFE, en el mantenimiento de algunas líneas y servicios de la compañía para favorecer lo que él denomina el “elitista” tren de alta velocidad y de paso mandar a la mayoría a la carretera.

Creo que acierta sólo a medias porque, en efecto, es evidente que ni Fomento, ni RENFE tienen demasiado interés en lo que, usando la terminología de Loste, vamos a llamar ferrocarril convencional. Lo que ocurre es que yo estoy convencida de que esa actitud les viene dada porque es la que sostiene y defiende la Unión Europea (UE) desde hace muchos años. Sencillamente, la UE no cree en el tren convencional porque no cree en el servicio público, ni en la empresa pública, impregnada como está de liberalismo por sus cuatro costados.

Este es uno de los motivos, pese a que en España se ha tratado por  todos los medios de ocultar, que ha llevado a muchos franceses a votar de forma contundente “NO” a la moribunda Constitución europea, a la que más valdría enterrar definitivamente. Hago notar, por si acaso, que dejo bien claro que ese es uno de los motivos pero, evidentemente, no el único, si bien no tendría sentido hacer referencia a los otros en este momento.

La UE quiere desmantelar las empresas públicas, quiere acabar con el concepto de servicio público porque considera, en línea con el FMI, que eso es una rémora, junto al mantenimiento de ciertos derechos de los  trabajadores, que afecta muy negativamente a la sacrosanta competitividad. Esto no es nada nuevo y ya Ronald Reagan en EE.UU. y Margaret Thatcher en el Reino Unido fueron los mejores exponentes de esa política con sus visibles consecuencias.

Dicho sea de paso, y en relación con el concepto de servicio público, la nefasta Thatcher privatizó los ferrocarriles británicos que hoy se habrían convertido en el hazmerreír de medio mundo si no fuera porque su falta de efectividad ha causado bastantes accidentes mortales. ¿Acabará igual RENFE? Hay bastantes posibilidades.

Por eso es cierto lo que dice Loste cuando se refiere a reducción de servicios, ajuste (inmoral eufemismo) de plantilla, cierre de líneas y eliminación de servicios básicos, que deterioran, entre otros, el derecho a la movilidad que tenemos todos los ciudadanos.

En lo que ya no estoy tan de acuerdo es que esto se haga para potenciar el tren de alta velocidad. Ese sistema de transporte que a mí, personalmente,  me parece positivo, en España es prácticamente testimonial pues se reduce a una línea entera y media de otra. No creo que, además, se le pueda considerar elitista y mucho menos que un servicio de alta velocidad sea incompatible con uno convencional.

Pasa exactamente igual que con el transporte de mercancías. Me da la impresión de que, pese a toda la palabrería, la UE, ha renunciado al ferrocarril como medio de transporte de productos y personas  y prefiere la carretera, con todos los problemas colaterales que esto acarrea, entre los que los de seguridad y medio ambiente están en primera línea.

Creo sinceramente que los ciudadanos europeos estamos perdiendo batalla tras batalla frente a los dictados de los liberales que pretenden, con la irresponsable complicidad del socialismo oficial, imponer un modelo de convivencia que no es aceptable para muchos. El “no” francés y después el holandés son, por motivos distintos, buena prueba de ello.

Personalmente me ha producido alegría el rechazo de nuestros vecinos, del mismo modo que me produjo satisfacción la alta abstención en nuestro país que, para cualquier demócrata serio, deslegitima la validez de la consulta. Es cierto que, de los escasos votantes, la mayoría dijeron sí, pero no es menos cierto que la gran mayoría dio la espalda a un proyecto que, precisamente, va encaminado a restar cada vez más derechos fundamentales.
 

Doña Zoila

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