| La Camilla de Doña Zoila |
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:[volver al índice de artículos de Doña Zoila]La pasión de Cristo
Leído en Nuevo Diario (Managua)
Escrito por Leonardo Boff (Teólogo)Hace algunos ya algunas semanas que tuve la ocasión de ver en RAI italiana la archifamosa película "La Pasión de Cristo" que, dirigida por Mel Gibson, levantó en su momento tantas polémicas, en las que se vio envueltas el propio Vaticano que mantuvo, a mi juicio, una posición escasamente sensata y demasiado ambigua, que dejó a casi todos insatisfechos.
Es una película que, como cristiana, me ha desagradado profundamente, me ha parecido de un sadismo y una crueldad innecesarios (siempre lo son) y que se recrea en una especie de orgía sanguinaria que se aleja del mensaje auténtico que se supone es la pasión de Cristo, se crea o no que es el Hijo de Dios.
No me hubiera ocupado más de semejante engendro consumista, si no hubiera sido por eso que llaman casualidad, ya que, estando yo en busca de algún tema interesante que llevar a los lectores de Ciberanika me encontré en mi camilla con un comentario escrito nada menos que por el teólogo Leonardo Boff y que, precisamente, habla de la película en cuestión.
He de confesar, antes de pasar al comentario del citado artículo, que siempre me pareció terrible la imagen que se nos dio del Dios de Israel, el Dios del Antiguo testamento. Nunca entendí algunos de los castigos a sus ofensores y, aún menos, las pruebas a los que eran sometidos los justos para demostrar su amor a Dios. Sencillamente me horrorizaba que Dios pudiera ser un inductor al homicidio o un verdugo de inocentes.
Me parecía, y aún es así, que se nos presentaba un Dios vengativo y cruel, muy lejano de ese ser supremo infinitamente bueno y misericordioso que nos decían, por otra parte, que era.
Incluso aunque esos hechos fueran sencillamente relatos a modo de ejemplo de lo le que podía ocurrir a quien desobedeciera a Dios me parecieron siempre horripilantes.
Me parece que Gibson, y entro en el asunto, se ha quedado con ese Dios nefasto. El Dios que goza con la sangre, el látigo, la tortura, la cruz de la muerte de su propio hijo al que envía a la tierra para el perdón de los pecados y la renovación del pacto con los hombres de modo que estos se puedan salvar.
Creo, como dice Boff, que la película tiene poco que ver con el relato de los Evangelios, pese a lo que dijera en su momento Juan Pablo II, y sí más con el espectáculo y el simulacro, preparado para ciertos gustos de la cultura de la comunicación masas destinada a crear un efecto determinado. Al final, todo resulta tan exagerado, tan falto de sentido, que se llega a pensar que no puede ser, que sencillamente es demasiado, también pese a lo que sostuviera el anterior Papa.
El efecto que produce es tan artificial que resulta grotesco: el dolor por el dolor, la sangre por la sangre, la cruz por la cruz, o sea puro y duro sadismo. Parece como si la película estuviera destinada un público que llenara un circo en el que esperara la muerte del gladiador, o del esclavo ante los leones.
Mel Gibson no ha entendido nada del mensaje de Jesús y es sencillamente es un obsceno falsificador y un farsante que utiliza la pasión de Jesucristo para, en el mejor de los casos, hacerse de oro. Absolutamente detestable e inmoral.
Boff sostiene, supongo que con cierta dosis de ira, que el Dios de Mel Gibson no se hace merecedor ni de respeto, ni de adoración y añade que el talón de Aquiles de la película es precisamente ese, que nos presenta un Dios cruel y sanguinario. El mismo Dios que me producía espanto cuando de pequeña leía la Historia Sagrada. El mismo Dios con el que el que me atemorizaron durante años en las catequesis previas a la Primera Comunión... y aún mucho después.
La película llega a hacerse realmente insoportable, con escenas sencillamente intolerables y sacrílegas. Por ejemplo Jesucristo se arrastra literalmente hasta la cruz para ser clavado en ella, la caídas una vez clavado son puro tremendismo, la escena de la flagelación raya en lo delictivo.
En fin, coincido con Boff en que esto es lo más lejano del relato contenido y digno de los cuatro evangelistas sobre este hecho que merece bastante más respeto y seriedad.
No entiendo por qué Gibson ha optado por esta versión de la pasión, ya que dudo mucho de que haya influido en él, como se podría deducir del comentario de Boff, el conocimiento de la obra de san Anselmo que fue el iniciador de esa especie de liturgia de la crueldad.
En su obra Por qué Dios se hizo hombre, el santo llega de decir que Dios se sentirá satisfecho con la crucifixión porque así se aplaca su sed de justicia. Esto como dice Boff es siniestro y me niego a aceptarlo.
No tengo los conocimientos teológicos de Leonardo Boff y, por tanto, cuando afirma que el Padre no quiso la muerte del Jesús en la cruz, sino su fidelidad aunque le costase la muerte, lo debo aceptar casi como un acto de Fe. Sin embargo, prefiero ese acto de Fe al esperpento sanguinario de Gibson.
Doña Zoila
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