| La Camilla de Doña Zoila |
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:[volver al índice de artículos de Doña Zoila]Hans Küng no es un teólogo católico
Leído en El País
Escrito por Rafael Termes CarreróHay personas cuya única actividad parece ser la descalificación, sin más, del trabajo de otros y rebatir, con argumentos de dudosa objetividad, las opiniones de los demás. Este es, en mi opinión, el caso del señor Rafael Termes Carreró con respecto al teólogo católico Han Küng. Veamos por qué.
En primer lugar, para los que no estén familiarizados con el ciudadano Termes les contaré que es un hombre que siempre ha estado vinculado a las finanzas a través del Banco Popular, que fue durante la época de la transición presidente de la Asociación Española de Banca, que es miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, que tiene acceso a documentos del Vaticano (es deducción mía), y que es persona próxima en grado sumo al Opus Dei. Así pues, como se puede comprobar no es, en absoluto, un indocumentado.
Ahora bien, no ser un indocumentado no significa estar en posesión de la verdad absoluta y tampoco lograr ser objetivo algo que, en sí mismo, no es nada malo salvo cuando se utiliza de mala manera. La libertad de expresión a la que alude el ciudadano Termes le permite a él y a otros como él decir lo que sienten o piensan sin que se les pueda condenar al silencio. Y, precisamente por esto, estamos así ante el primer dislate de nuestro amigo a la hora de emitir sus juicios sobre Küng.
En el artículo de El País aplaude sin reparos que el obispo de Barcelona (Richard María Carles) hizo bien en prohibir hablar a Küng en las iglesias de su diócesis y justifica su opinión con un argumento muy curioso. Señala que, en griego, la palabra episcopos (de donde viene obispo) significa vigilante y de ahí deduce que los obispos deben vigilar por la “conservación y transmisión intacta” de lo que se llama “el precioso depósito de la verdad” no deja de ser sorprendente.
Que yo recuerde, las cuestiones que han separado a Küng de la jerarquía vaticana son de índole interna sobre el gobierno de la Iglesia y no cuestiones de dogma o de fe. Por lo tanto, el teólogo suizo, no está poniendo en cuestión la verdad preciosa, sino que duda de que esa verdad sólo pueda tener una interpretación indiscutible e infalible, que no es, ni de lejos, lo mismo. Durante años Galileo ha estado condenado y hoy ha sido rehabilitado, precisamente, por Juan Pablo II.
Ya el inicio del artículo es sorprendente por su brusquedad. Dice Termes: “Hans Küng, no es por definición, un teólogo católico” y añade: Así de simple. Bien, desconozco que méritos avalan al ciudadano admirador de San Josemaria para hacer tan categórica afirmación, pero supongo que el título que la universidad de la Sorbona otorgó a Küng tendrá alguna validez. Un teólogo, según el diccionario, es una persona dedicada al estudio de Dios y no, como pretende Termes, el que investiga sobre la “Revelación” y, aún menos, el que se dedica a enseñar y hacer más fácil su compresión a los mortales indoctos, “dentro de los límites marcados por la fidelidad al magisterio de la iglesia”, que además tiene la competencia exclusiva de “custodiar el depósito de la fe –doctrina y costumbres- recibido de los apóstoles. Es decir, para nuestro articulista la doctrina y la fe no han variado desde la época de los apóstoles y cualquier desviación de esta creencia te aparta de la iglesia católica. No hace falta añadir más comentarios a este asunto.
Pero, donde se le ve el más plumero a Termes es cuando dice que Küng se queja de Juan Pablo II, del que dice que es autoritario y no querer el diálogo, por lo que causa grandes males a la Iglesia. Sigamos el hilo que marca el propio Termes.
Indica que Küng se doctoró en la Sorbona (año 1962) con una tesis sobre la “justificación”, que “levantó reservas”, pese a lo cual parece que no tuvo más problemas, puesto que le dieron el título. Añade que, por aquella época, “intimó” con el teólogo protestante Karl Barth. No explica que grado de intimidad tuvieron, pero supongo que dado que los luteranos tienen una teoría distinta sobre la justificación por la fe, se referirá a este aspecto.
Bien, nada menos que Juan XXIII llamó a Küng como perito para el Concilio Vaticano II, magna asamblea de la Iglesia Católica, que, desde luego, a los partidarios de la Obra y sectas similares no hizo mucha gracia. Supongo que el Papa tendría informes sobre la capacidad de Küng y, por tanto, su decisión se sustentaría en algún criterio lógico. Aunque es posible que Juan XXIII, que reformó varias cuestiones litúrgicas –por ejemplo- no fuera un buen “vigilante” de la doctrina.
Añade que en 1965 (muerto ya Juan XXIII) fue Küng amonestado por un libro sobre la estructura de la iglesia. Nótese bien que la obra trata de la estructura de la iglesia, es decir, una cuestión sobre la organización interna de esa institución y no sobre temas de doctrina, fe, ni moral. Luego, volvemos a toparnos con una cuestión de forma y no de fondo. Lo que parece defender el ciudadano Termes es que no se toque la organización de la iglesia, no vaya a ser que entre aire fresco y barra las viejas y polvorientas estructuras.
Continúo: años más tarde Küng publica otro libro, que se titula ¿La iglesia infalible?, que también desata la ira de Termes que sale en defensa de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que no es otra cosa que un tribunal inquisitorial con otro nombre.
Dice Termes que la Congregación llamó a Küng para que “expusiera por escrito en que modo sus opiniones no contradecían la doctrina de la iglesia”. Es decir, que el señor Termes acepta sin inmutarse que la “herejía” de Küng es cierta y, encima, debe ser el acusado el que demuestre que no está equivocado, que es como decir que demuestre que es inocente porque ya se le ha declarado culpable. No sería mucho más lógico que sea la Inquisición, que ahora tiene un nuevo y pomposo nombre, la que demuestre de forma clara en qué está equivocado Küng. No sería preferible un debate público, antes que la condena unilateral. ¡Y aún se asombra Termes de que Küng cuestione la estructura de la Iglesia Católica!
No voy a entrar, por no aburrir a los posibles lectores, en los tres errores fundamentales que según el Vaticano, que ha debido de informar sobradamente al ciudadano Termes sobre esta cuestión, ha incurrido Küng. Pero sí añadiré una frase que me ha dejado pensativa: “la iglesia no es una institución democrática porque su Fundador quiso que fuera Jerárquica” (Termes dixit). Esto es sencillamente incierto y un error histórico. La iglesia primitiva era una comunidad de creyentes, sin jerarquía, sin obispos, sin dogmas. Todo esto llegó mucho después y ha sido justamente lo que ha envilecido a la Iglesia, lo que ha logrado que muchos se aparten de ella. Así que no achaquemos al fundador algo que no hizo en absoluto y no aprovechen los Termes de turno para atacar de paso a todos los que llama “falsos progresistas”, que ya han pasado los tiempos de los Torquemada.
Por supuesto que la Iglesia debe modernizarse, algo que asusta a Termes y compañía. Por supuesto que las mujeres deben poder acceder a la función sacerdotal (sobre María también cayó la lengua de fuego), por supuesto que el celibato en una institución absurda (que no la tomó el Fundador), por supuesto que hay que ser tolerante con el control de la natalidad y, por supuesto, que Juan Pablo II ha cerrado las ventanas muchas veces, aconsejado por el Opus Dei. Y por supuesto que el ciudadano Termes tiene derecho a expresar libremente lo que desee, pero está claro que ni es ni puede ser objetivo.
Doña Zoila
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