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La Camilla de Doña Zoila
Doña Zoila, entrañable y pesimista, analiza y opina sobre los artículos que lee en los diarios internacionales.
Doña Zoila ha puesto el ojo esta semana en el siguiente artículo:

Los tres fallos del plan Bush
Leído en el Boston Globe
Escrito por Janice Fine (del Instituto de Política Económica)

Cada vez que veo por televisión las imágenes de todos esos ciudadanos, de no se sabe exactamente qué parte del mundo, que llegan a las costas españolas a bordo de pateras inmundas me sigo estremeciendo. Y, aún, estos son afortunados porque, mal que bien, sobreviven. Otros muchos mueren anónimos, sin un pequeño recuerdo. Han pagado por morir una fortuna a mafiosos que actúan en la impunidad.

Por eso he seguido con atención el anuncio del presidente de Estados Unidos, George Bush, de dar un nuevo trato a los inmigrantes mexicanos (sin legalizar por supuesto) que viven allí.  Pensé que si en ese país tan admirado por nuestras actuales autoridades (y también por las anteriores, no lo olvidemos), se hacía un esfuerzo serio para dar una solución definitiva y, sobre todo, justa a este problema, quizá en España se podría copiar algo en vez de hacer más leyes de extranjería -ya van tres- y perder el tiempo de forma lamentable.

Así que, ni corta ni perezosa, quise leer algo de lo que decía la prensa de EEUU sobre la cuestión y recurrí a mi querido Boston Globe. También repasé la de México, como es lógico. Lamentablemente se han confirmado mis temores iniciales, porque no se trata de una solución, sino de un parche más.

La verdad es que, salvando las diferencias, el problema de los inmigrantes viene a ser igual en todas partes. Para España son los magrebíes y los subsaharianos, para Alemania los ciudadanos de los antiguos países socialistas del este de Europa, para EEUU los espaldas mojadas y, así, cada uno tiene su particular problema. Y cada uno trata de aplicar su particular solución, a pesar de estar en la dorada época de la globalización.

En su excelente artículo, Janice Fine pone las cosas en su sitio y es profundamente crítica con el famoso plan de Bush. Para empezar señala que los trabajadores indocumentados son “el pequeño oscuro secreto de la economía americana” y que los empleadores justifican su utilización porque dicen que los nacionales no quieren ciertos empleos.  El secreto de la economía de EEUU y de los demás diría yo. Esta es exactamente una de las cuestiones esenciales.

Se trata de personas que están en lo más profundo de la economía sumergida,  que desarrollan las labores más molestas y,  posiblemente insalubres y arriesgadas, de las economías de los países desarrollados.

Supongo que todos nos hemos percatado de que los repartidores de butano ya no son españoles,  lo mismo que muchos de los barrenderos y basureros y la mayor parte de los peones de la construcción y muchas limpiadores de hoteles y empresas...

Dice Fine que el programa de Bush no soluciona  el problema de lograr “una residencia normal y permanente” de todos estos trabajadores. O sea, estamos de nuevo ante un parche temporal para un problema que se agrava cada día. Tomen nota nuestras autoridades.

Para la articulista, uno de los fallos más importantes del plan es que da demasiado poder a lo empleadores que, en definitiva,  siguen teniendo la sartén por el mango, como decimos aquí. Y añade que ha visitado industrias en las que se emplea a inmigrantes donde ha visto horas no pagadas, riesgos laborales altos, discriminación, acoso sexual, tratos vejatorios y “listas negras” de trabajadores. No creo que Janice Fine sea un roja peligrosa, pero su visión de las cosas deja claro cuál es el ambiente entre la población indocumentada.¿Alguien cree que en España es muy diferente?

Entonces, si los empleadores tienen que informar a las autoridades sobre sus empleados para que estos consigan un permiso de residencia temporal, de tan sólo tres años además, ¿en qué situación están? Pues la respuesta es muy sencilla: la esclavitud. No podrán levantar la voz lo más mínimo.¿Alguien puede imaginar que un inmigrante de este tipo puede arriesgarse a un enfrentamiento con el “patrón” que puede devolverle a la miseria?. Recuerdo que hace poco una sentencia en España culpó a un trabajador inmigrante ¡de su propia muerte!, por ser imprudente. No es en absoluto una broma.

Y esto por lo que se refiere a los que trabajan en industrias que se podrían definir “más o menos conocidas”. Pero Janice Fine dice que aproximadamente el 50 por ciento de esos indocumentados trabajan de jardineros, tareas domésticas, cuidadores de niños o ancianos, lavaplatos en bares y otros servicios menores. Cobran siempre en efectivo y nadie declara nada por ellos. Sencillamente no existen. Así que estos ni siquiera pueden acceder al famoso plan de residencia temporal de Bush. ¿Cuántos de estos tenemos en España?

Tal vez el mejor resumen de todo el artículo esté en las palabras finales de Janice Fine, cuando escribe: “como nación debe preguntarse una cuestión fundamental”: ¿qué podemos decir sobre nuestros valores americanos cuando más de siete millones de personas que limpian nuestras casas, hoteles, oficinas, cuidan los jardines, limpian nuestra ropa y cuidan a nuestros niños y mayores no tienen ni uno solo de los derechos políticos y económicos que disfrutamos el resto? Y yo pregunto: ¿y aquí, en España?

De la prensa mexicana,  he recogido un artículo firmado por Jorge Chabat en el diario El Universal (9-I-2004), que también se ocupa de este asunto.

Me ha sorprendido la reflexión inicial que hace Chabat  sobre la cuestión: “este programa (de Bush) no es una amnistía”.  Me pregunto si Chabat acepta por principio que los ciudadanos que entran en EEUU tienen que ser perdonados por algo. ¿Han cometido algún delito? ¿es delito querer vivir dignamente? No entiendo entonces lo de amnistía.

Lo mismo sucede en España. Aquí todos sabemos que hay miles de ciudadanos extranjeros que no están “legalizados” y, sin embargo, trabajan, producen, crean riqueza (para algunos),  pero carecen de los más mínimos derechos y pueden ser expulsados del paraíso occidental a la más mínima ocasión. Esto significa que tienen que vivir ocultos, no pueden convivir con el resto de las personas en un ambiente de normalidad,  porque tienen miedo, así como suena:  MIEDO, hasta del aire que respiran.

Dice Chabat que la medida de Bush no tiene un fin electoralero. Discrepo. Este individuo (Bush) es incapaz de hacer algo que no tenga un fin de ese género. Creo que nuestro articulista no entiende bien a quién va dirigido el gesto. Es cierto que la población latina, salvo casos directos de familiares, suele ser indiferente a la suerte de otros inmigrantes, pero los anglosajones no son indiferentes a estos gestos paternalistas.

Es curioso, pero un hombre tan sensato como Carlos Fuentes cree que los anglosajones se preocupan mucho más del vecino (siempre y cuando sea de su clase) que los de origen latino. Ahí está la respuesta señor Chabat. Esta medida está dirigida a los sentimentales yanquis que verán en ella un generoso esfuerzo por ayudar a unos pobres inmigrantes (Janice Fine habla de caridad y compasión). Y lo mismo puede decirse del caso español.

Queda poco para las elecciones y aquí el voto de los inmigrantes no tiene el peso que en los Estados Unidos pero, una medida de este tipo, está dirigida al votante interno, a todas esas almas caritativas de abrigo de visón que merodean alrededor de las Ana Botella de turno, que como todo el mundo sabe es concejala de ¡asuntos sociales! del Ayuntamiento de Madrid, ciudad con gran cantidad de inmigrantes. Al tiempo conciudadanos, al tiempo.
 

Doña Zoila

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